Regalos de la pandemia

  María de Rosario Mejía González Estudiante de Comunicación Soy Char Mejía, estudiante de Comunicación y de teatro musical. Como […]

 

María de Rosario Mejía González

Estudiante de Comunicación

Soy Char Mejía, estudiante de Comunicación y de teatro musical. Como a todos nosotros, mi plan de vida inmediato cambió drásticamente debido a la pandemia.

A pesar de todo este cambio tan grande en nuestra forma de vida y rutina, he estado tranquila, he aprendido a no presionarme por tiempos y decisiones para lograr mi realización, me he cuidado y he sido responsable y empática con la situación. Este tiempo en confinamiento ha sido una oportunidad para probar cosas nuevas, estoy aprendiendo otro idioma y diferentes técnicas de dibujo y pintura, he mejorado mi hábito de meditación y he hecho más ejercicio, entre otras cosas.

Antes de la contingencia, estudiaba fuera y me tuve que regresar, por lo que parecía que iba a ser una pausa de dos semanas, y que se convirtió en clases online. Así acabé mi segundo semestre de teatro musical, y fue el momento en donde me dí la oportunidad de intentar algo nuevo, y por eso entré a la carrera de Comunicación, en donde encontré herramientas para mi carrera de teatro y que, en un plano más amplio, me abrió un abanico de diferentes visiones y posibilidades profesionales, que, sin querer, se han ido complementando con lo que ya estaba haciendo.

Un gran regalo que hemos tenido este año, fue la oportunidad de volver a convivir en familia como lo hacíamos cuando mi hermano y yo éramos niños. Definitivamente ha sido una experiencia extraordinaria ya que, al ir creciendo, las actividades, horarios y responsabilidades de cada integrante, iban haciendo que los momentos familiares se limitaran, pero ahora hemos tenido muchos momentos para divertirnos, para compartir y para entendernos mejor.

Sin duda puedo decir que en estos últimos meses he crecido muchísimo como persona, claro que tengo mis altas y bajas, pero he aprendido a no dejar que mis emociones me controlen, más bien, he aprendido a dejarlas fluir, a identificarlas y aprender a orientarlas en algo que construya y no me consuma.

Tengo claro que los malos momentos se rescatan o se pierden a partir de nuestra actitud, y aunque hay muchas veces que la situación que vivimos nos provoca ansiedad e incertidumbre, también estoy convencida que invirtiendo tiempo, cariño y dedicación a nuestro cuerpo, mente y espíritu, vamos a lograr que lejos de ser una mala experiencia, sea un periodo de aprendizaje, solidaridad y redireccionamiento hacia un mejor futuro.

 

Texto publicado en el número 89 de Contratiempo

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