Mi travesía por la IBERO

Escrito por Natalia Rivera Estudiante de Diseño Textil  El empezar una nueva etapa siempre me ha causado una sensación de […]

Natalia Rivera

Escrito por Natalia Rivera

Estudiante de Diseño Textil 

El empezar una nueva etapa siempre me ha causado una sensación de retortijones en el estómago, claramente por los nervios del no tener claro lo que me tocará vivir en ella y por supuesto el llegar a la universidad no fue una excepción. Ahora que puedo verlo en retrospectiva, debo admitir que la Ibero me dio una bienvenida bastante amable, con gente dispuesta a ayudar y apoyarme a pesar de que todo era nuevo para mí, y es algo que siempre voy a agradecer ya que no era algo que esperaba.

El segundo reto fue conocer gente, compañeros y amigos con quién poder pedir ayuda en las tareas y orientación para dejar de perderme en los pasillos. Tal vez no he podido conocer a todos los estudiantes que conforman la universidad, pero puedo decir que, en su mayoría, he conocido personas fenomenales, con las que siempre me sentiré aceptada y respaldada. En mi experiencia, me alegra decir que no solo es gente de mi carrera ya que fui lo suficientemente valiente para atreverme a participar en los talleres artísticos de ritmos latinos y de pintura, así como inscribirme  al taller deportivo de defensa personal.

Este tipo de actividades, no solo fueron una gran ayuda para conocer nuevas personas, sino que también me permitieron desarrollar habilidades que no tenía tan trabajadas, como la constancia del ejercicio, paciencia, coordinación, y trabajo de creatividad. Realmente no es hasta que uno se pone a reflexionar que llegas a valorar mucho las oportunidades y herramientas que la universidad me ha brindado dentro de su comunidad, por lo que debo admitir que vale mucho la pena participar y animarse a vivir esta experiencia.

En cuanto al tema de la pandemia, he de decir que como a muchos, fue algo que me llegó a afectar emocionalmente, el no saber que pasaría o el miedo que se propagaba en mi entorno no fue algo fácil de sobrellevar y mucho menos sin poder desahogarme como lo solía hacer, sin poder ver a mis amigos, miembros de mi familia, platicar de forma cercana con los profesores, etc. Pero me es importante decir, que a pesar de todas las adversidades que se dieron con la pandemia, el apoyo de los profesores de la IBERO y su preocupación por los alumnos siempre estuvo presente, el hecho de tener una pantalla de frente no dejó de ser un reto, pero era confortable saber que se preocupaban y ver como buscaban alternativas para seguir con las actividades desde casa sin perder el interés sobre lo que enseñaban.

Particularmente en el taller de defensa personal puedo recordar el uso de sillas de comedor como herramienta, los ánimos que el profesor emitía desde la llamada de la plataforma teams para continuar con las lagartijas, los pequeños descansos para tomar agua donde desaparecíamos de la pantalla o las pequeñas pláticas al final de la clase donde nos contábamos como íbamos.

Ahora estamos regresando, poco a poco y con mucho cuidado, pero lo estamos haciendo, el volver a ver caras conocidas (ahora con cubrebocas), con las mismas ganas de disfrutar y vivir nuevas aventuras que la universidad nos ofrezca es, además de emocionante, alentador. La travesía de cada persona puede ser muy distinta, y el periodo universitario por si solo es un gran desafío, sin embargo, el atreverse a participar en ámbitos fuera de nuestra zona de confort es un gran apoyo para nuestra formación como estudiantes o individuos, es cuestión de mantenerse optimista para poder seguir gozando del gran aprendizaje que la aventura universitaria me permite vivir día con día.

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