La señora de los gatos

Beto Sotelo Estudiante de Diseño de Interacción y Animación La “señora de los gatos” de mi complejo de apartamentos no […]

Beto Sotelo

Estudiante de Diseño de Interacción y Animación

La “señora de los gatos” de mi complejo de apartamentos no ha estado en su casa en al menos una semana, lo sé porque su recibo telefónico sigue en su puerta y no he escuchado el horrible rechinido de su cochera cuando saca su auto. No sé por qué no se lo he dicho a nadie si estoy consciente de que ella puede estar en peligro, pero ahora no puedo hacer nada, ya es hora de dormir y mañana trabajo.

Creo que a los vecinos del 9A se les volvieron a pasar las copas y están peleando, como siempre, a las primeras horas de la madrugada. En la calle parece que también hay algún tipo de altercado, pues gritos y golpeteos llegan hasta mi apartamento en el quinto piso. Parece que hoy todos se pusieron de acuerdo para no dejarme dormir.

Es imposible conciliar el sueño si el ruido no para. Decido ponerme de pie y me acerco a la ventana para buscar la fuente del escándalo. Fuera de mi apartamento alcanzo a observar a dos vagabundos peleando, bueno, más bien forcejeando el uno con el otro, dan la impresión de estar drogados. Más allá de mi calle, un espeso humo asciende. Un incendio en la colonia de al lado no me va a llegar ni de chiste, la estación de bomberos está a una cuadra de ahí, es más fácil que les llegue el fuego a ellos.

Ya me cercioré de que la mayor parte del ruido viene de adentro del edificio. Al momento de acercarme a la puerta de mi recámara, escucho claramente cómo se abre la de mi apartamento. Tomo el bate que en algún momento compre para esta situación, y sin siquiera encender la luz, me encierro en el armario mientras planeo un ataque sorpresa.

Al escuchar un rechinido de la puerta de mi habitación, miro entre las rejillas de mi clóset. Mi vecina, la “señora de los gatos”, entra al cuarto y se queda parada en el medio mientras gruñe y hace sonidos de molestia muy graves comparados a su usual voz chillona. Además, luce muy pálida, pero su piel parece teñirse de gris, aunque no estoy muy seguro, la oscuridad limita mucho mi vista para distinguir detalles. No tengo ni idea de qué hace aquí adentro, pero parece estar buscando algo.

Aliviado, salgo del clóset, le pregunto qué hace aquí tan tarde y la invito a retirarse. No recibo respuesta, solo me voltea a ver con unos ojos blancos como dos bolas de billar. Se acerca con pasos torpes y alentados. Le vuelvo a preguntar qué quiere y si necesita ayuda médica. Ningún sonido de respuesta. Sin más remedio y teniéndola a menos de un metro de distancia, le doy un golpe con el bate en la cabeza, cae al suelo.

Las películas de zombies me enseñaron algo, que la mayoría de los personajes principales se encuentran en mi situación y solo asumo lo obvio. Nunca pensé que el apocalipsis zombie fuese realmente a suceder y menos en mi ciclo de vida. Me aliviaba que los zombies fueran torpes y lentos y no rápidos e inteligentes, así es más fácil salir con vida.

Mientras procesaba lo que estaba pasando y observaba el cuerpo sin vida de mi vecina, escuché cómo algo entraba por la puerta principal. Armándome de valor, me asomé por la puerta esperando ver a alguien en mi sala. Pero al salir solo vi oscuridad, hasta que volteé al suelo y vi pequeñas sombras recorrer el cuarto. Iban rápido, extremadamente rápido. La luz de la luna me permitió ver que esas sombras estaban cubiertas de pelo.

Entonces, varios pares de ojitos rojos surgen de la oscuridad y salen disparados hacia mí.

 

 

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