Carlos Zacahuala Morales
Estudiante de Economía y Finanzas
Cuando comencé mi servicio social en el Observatorio Con los Ojos Abiertos no tenía mucho conocimiento sobre lo que haría allí, pero a lo largo de este semestre he ido conociendo todos los estudios que se hacen, sobre todo ahora, ya que a principios de este periodo académico Con los Ojos Abiertos se incorporó al Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría SJ, y uno de los temas que hemos trabajado es la construcción de una base de datos de las personas desaparecidas en el estado de Puebla.
Para mi trabajar en este proyecto ha sido muy impactante, porque los datos reflejan que, año con año, desde 2012 a 2021, han incrementado los municipios en los que desaparecen personas; incluso tomando solamente a la capital poblana, el número de personas no localizables aumenta de manera constante. Apenas en 2020 las autoridades crearon una comisión para poder asesorar y dar ayuda a los y las familiares de personas desaparecidas.
Mi labor para la creación de estas bases de datos, la cual abarca de 2012 a 2021, fue la presentación de solicitudes en la Plataforma de Nacional de Transparencia. Al momento de analizar la información obtenida lo que más me asombró fue, no sólo observar el aumento de casos en algunos municipios del estado, sino el entender que cada número es una persona que ha desaparecido, que no ha sido localizada. También me sorprendió ver el tiempo que ha pasado, en muchos casos, desde que se reportó la desaparición de alguien sin que haya una respuesta sobre su paradero.
Aunque el estado de Puebla no se ubica entre los cinco estados con mayor desaparición de personas, destaca que cada mes el número de personas desaparecidas en promedio es de poco más de 100. Todo esto me resulta increíble, no quiero imaginar cómo están otros estados en los que la problemática es mayor. En la base datos además, hemos clasificado también las personas que fueron ya localizadas y las que no, y aquí notamos que incluso menores de edad de días de nacido han sido desaparecidos, hasta llegar a las personas de la tercera edad.
Dentro de mi Servicio Social hemos tenido conversatorios por parte del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría donde vimos cómo los familiares de las personas desaparecidas no sólo tienen un desgaste físico sino mental por todo el tiempo en que sus familiares no han sido encontrados. Por esta razón, trabajar en este proyecto ha sido un reto ya que el leer los testimonios de los familiares y ver cómo aumentan las cifras en el estado es impactante, pero ayuda a tener un panorama de cual es la problemática en el estado y ver cuáles han sido las acciones de este para ayudar a los familiares de las víctimas.

