Aricel Monroy
Estudiante de Psicología
Por muchos años, en diversas disciplinas se tenía la creencia de que la fidelidad dependía de factores meramente sociales y que incluso tenía una relación estrecha con la forma en la que la cultura nos dicta como debemos de expresar el lenguaje del amor. A pesar de que estos componentes si influyen en que las personas sean files o no; en los últimos años se ha descubierto que existen otros elementos de carácter psicológico y biológico como ciertos genes, hormonas, zonas cerebrales y similitudes anatómicas con otras especies de mamíferos que pueden llegar a indicar que nuestra naturaleza tal vez no sea 100% monógama (vinculo amoroso con una sola pareja).
Una de las principales disciplinas que aborda este tema es la neurociencia, la cual se encarga del estudio del sistema nervioso y de los procesos psicológicos que se dan en este, permitiendo conocer más sobre nuestra forma de actuar y ser desde una perspectiva científica.
Aunque parezca increíble, el cuerpo humano es capaz de segregar hormonas encargadas de que nosotros mantengamos relaciones sexuales con una sola pareja. Estas hormonas se pueden generar en distintos momentos, por ejemplo, la dopamina que generamos durante el orgasmo, las feromonas que se segregan en las mujeres mientras conocen a un hombre que las atrae, entre otras. De igual forma, existen hormonas que a veces generan que seamos impulsivos y eso pueda llevar a las personas a cometer una infidelidad.
El proceso de enamoramiento es tan importante en nuestro cerebro, que existe una sustancia química que se produce cuando nos sentimos atraídos por alguien, se le conoce como oxcitocina, aunque también se le llama la hormona del amor. Esta sustancia nos hace sentir sensaciones de calma y tranquilidad, así como permitirnos adecuar nuestro cuerpo de tal forma que nos veamos más atractivos para la persona, puede dilatarnos las pupilas, cambiar nuestra postura y tono de voz.
A pesar de que estas hormonas se segregan en los cerebros de todas las personas, pueden existir diferenciaciones dependiendo de la estructura neurológica de cada quien. Y aunque el cerebro masculino y el femenino tienen un parecido genético y estructural de un 99.5 %, existen zonas en específico que se diferencian de forma biológica entre ambos, como lo pueden ser la zona del hipotálamo que se encarga de la expresión de nuestras emociones o la corteza prefrontal, que nos ayuda con nuestro autocontrol. Estas zonas nos permiten llevar ciertos comportamientos y sentimientos, los cuales suelen ser muy diferentes en cuestión del amor y la fidelidad.
En relación con el enamoramiento y la necesidad de estar con una pareja en cuestión de fidelidad, el investigador y zoologo Desmond Morris va más allá de la teoría de la monogamia y afirma que generalmente las parejas se enamoran y establecen un vínculo que tiende a tener una duración media de cuatro a cinco años. Lo que equivale al tiempo suficiente para que un niño tenga una cierta madurez y se asegure su supervivencia, esto lo menciona en su libro “El mono desnudo” en 1967. Una vez pasado este tiempo, Morris considera que tanto los hombres como las mujeres tienden a buscar una nueva pareja, aunque siguiendo criterios diferentes (el hombre se fija más en las características físicas, y la mujer en el estatus y la inteligencia del varón).
Con lo mencionado anteriormente podemos observar que la infidelidad es un concepto subjetivo, sin embargo, es algo que siempre ha estado y estará en nosotros los humanos. Percibimos que nuestro cerebro siempre buscará lo mejor o lo más conveniente para nosotros. A pesar de ello, debemos de aceptar que existen factores tanto para ser monógamos o no, por lo que debemos de tener mucho cuidado con los vínculos sociales y emocionales que vamos formando, es importante mostrar claridad en nuestros gustos y decisiones, así como tener una responsabilidad afectiva la cual permita el bienestar de nosotros y de las demás personas.

