Estética: sello de identidad y reflejo del cambio social entre épocas

Ivanna Ocampo Diseño Industrial   La estética no está presente únicamente en el arte, también se ha aplicado en arquitectura, […]

Ivanna Ocampo

Diseño Industrial

 

La estética no está presente únicamente en el arte, también se ha aplicado en arquitectura, diseño, vestuario y en la imagen personal. Por tanto, cuando se habla de la estética de una época, se contemplan todas las manifestaciones formales que surgían como respuesta para interpretar la vida de ese entonces.

Partiendo del arte, las vanguardias fueron el ejemplo de cómo evolucionó la forma de retratar al mundo. Desde los colores, los temas y las técnicas, a través del arte podía inferirse qué imágenes querían mostrarse al público. Por ejemplo, antes del siglo XIX, las temáticas de la pintura y escultura realzaban la imagen de figuras importantes, con un estilo clásico que apelaba a la belleza; pero conforme pasó el tiempo se empezó a usar el arte para retratar fragmentos de la realidad más cotidiana y que buscaban dirigir sentimientos específicos al espectador, aunque no siempre fueran placenteros. Si bien la estética se relacionaba con la belleza, las vanguardias exploraron la belleza interpretativa más allá de la visual.

Por otro lado, la evolución estética en el diseño puede apreciarse desde qué objetos se creaban, cómo se elegían los materiales para hacerlos, y por qué. El ejemplo en este caso es el impacto del avance tecnológico en el proceso de creación de los objetos y las repercusiones que tenían para las diferentes clases sociales: Hablando de muebles y objetos para el hogar, antes de la revolución industrial era mucho más complicado reproducir modelos o era más costoso dar acabados a los artículos, por lo que mientras que en hogares adinerados sí se podían permitir diseños ostentosos, en las familias menos privilegiadas el mobiliario era limitado y apelaba más a la función que a las apariencias. Pensando en esta brecha, no sólo se puede asociar una estética con la época sino también con una clase social.

Asimismo, es importante hablar de estética en la ropa, calzado y accesorios, cuya evolución formal no sólo apareció en respuesta a la necesidad de expresión individual de las personas, sino que fue un reflejo de los diferentes movimientos sociales, de roles y cambios económicos. La vestimenta siempre ha permitido interpretar roles y actividades de quien la porta, ya sea por ocasión como en los vestidos para fiestas, uniformes militares o ropa para dormir, la estética que manejan casi siempre va de la mano con la del contexto en que se usará, por lo que es sencillo asociarla con una época o una actividad.

Con los cambios de roles, tanto dinámicos como de género, la ropa comenzó a crearse pensando un poco más en lo funcional, de modo que no sólo fuera para lucirse, sino que facilitara las actividades que se harían portándola. Lo anterior puede observarse por ejemplo en los cambios de la ropa femenina, que en la antigüedad era pesada, dificultaba el movimiento y no estaba pensada para realizar muchas actividades, pero conforme se integró a la mujer en la vida laboral evolucionó para dar entrada a los pantalones, trajes sastres y calzado de trabajo. La estética vuelve a hacerse presente para identificar una época, pues si se piensa en la mujer trabajadora de los años 80 difícilmente se viene a la mente un vestido del Rococó, pero sí lo hace un traje con hombreras.

Entonces, al hablar de la “estética de una época” se toma en cuenta que no es una imagen fija, es una construcción mental que se crea a partir de un elemento asociado con dicho momento en la historia, ya sea por su forma, función o aspecto y entendiendo que tanto él como sus similares surgieron en respuesta a necesidades que aunque ya no se sientan actuales tuvieron motivos igual de válidos.

 

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