Así como acabó agosto

Por: Alejandra Parker Díaz Estudiante de Psicología Así como acabó agosto, quien era volvió a salir a la luz. Ella […]

Por: Alejandra Parker Díaz

Estudiante de Psicología

Así como acabó agosto, quien era volvió a salir a la luz.

Ella volvió a encontrar su refugio, a su mejor amigo. El más condecorado guerrero que había luchado contra la soledad. Su soledad.

Comenzó, una vez más, a intercambiar -a compensar- el amor por el sexo.

La soledad era su peor enemiga, la valoración y el deseo, lo que le daban fuerza vital.

“¿Por qué no simplemente retomo mi camino?” esa fue la pregunta que se hizo al darse cuenta que, ya estaba en esa ruta.

Ni la culpa ni el resentimiento se encontraron nunca en su vocabulario, o sus emociones.

Era una diosa por naturaleza.

Descarada y fuerte, nunca le tuvo miedo alguno a ser vista, o el centro de atención. Inconscientemente lo buscaba. Lo incitaba.

Lo que sí le provocaba un miedo irreal, era sentir que se quedaría sola. Es una contradicción. Disfruta estar sola con ella misma, ser independiente y autónoma. Con eso descansa de la gente. Pero al final, quiere tener a quién contarle eso mientras están acostados abrazándose antes de dormir. Si no pudiera tener eso, ella se quedaría sola y la diosa moriría.

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