Sofía Méndez Constantino
Estudiante de Derecho
La manifestación del 15 de noviembre de 2025 convocada por jóvenes autodenominados “Generación Z” en la Ciudad de México adquiere una profundidad que trasciende la protesta política: se inscribe también en la defensa de derechos fundamentales y en cuestionamientos al uso mismo del poder estatal. Según la cobertura periodística, miles de personas marcharon desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo, denunciando la inseguridad creciente, la corrupción y lo que consideran un fracaso en la política de seguridad de la administración de Claudia Sheinbaum.
Uno de los elementos simbólicos más llamativos fue la bandera del popular anime One Piece, la cual ha sido adoptada por los manifestantes como emblema generacional de libertad, rebeldía y resistencia. La marcha comenzó de forma pacífica, con consignas como “¡Fuera Morena!”, o “¡Fuera Claudia!”, pero derivó en enfrentamientos cuando un grupo conocido como “el bloque negro” derribó las vallas que protegían el Palacio Nacional. El saldo reportado incluye al menos 100 policías lesionados y veinte personas detenidas.
La presidenta Sheinbaum respondió condenando la violencia, pero también cuestionó la autenticidad del movimiento. Afirmó que hay poca presencia de jóvenes verdaderamente de la Generación Z y acusó a sectores de la oposición de instrumentalizar la movilización, con un impulso que, según ella, estaría financiado y promovido incluso desde el extranjero. En su defensa, dijo: “México es un país libre… todos aquellos que lo quieran hacer, siempre buscamos que sea de manera pacífica, que no haya actos de violencia”.
Desde una perspectiva constitucional, esta movilización pone en escena tensiones centrales sobre la legitimidad del poder y el ejercicio de derechos ciudadanos. La protesta juvenil se convierte en un acto performativo de exigencia democrática: no solo reclaman políticas de seguridad más efectivas, sino también transparencia, responsabilidad y un espacio para alzar la voz sin ser deslegitimados. Las acusaciones de la presidenta sobre cooptación partidista y uso de inteligencia artificial abren un dilema serio: ¿cuál es el origen real de la protesta? Y más importante aún, ¿puede la autoridad desacreditarla sin socavar la libertad de expresión?
Este conflicto recuerda la importancia de los derechos constitucionales frente a un Estado que, aunque democrático, no está exento de cuestionamientos cuando gestiona la protesta social. La marcha de la Generación Z evidencia que los jóvenes no solo reclaman seguridad: demandan ser escuchados y reconocidos como actores políticos legítimos, con capacidad de cuestionar la gestión gubernamental. En este sentido, su movilización adquiere un valor constituyente porque interviene directamente en la definición de los límites del poder y en la reivindicación de un espacio público donde la voz juvenil no solo cuente, sino que también importe.
Finalmente, el episodio subraya que la protesta social en México no es un fenómeno marginal ni exclusivamente generacional, sino una manifestación articulada de derechos fundamentales. La exigencia de justicia, transparencia y responsabilidad se convierte en un desafío constituyente. La Generación Z no marcha solo para decir “basta”: marcha para reclamar su lugar en el entramado institucional y para afirmar, con su presencia en las calles, que la democracia debe renovarse también en su dimensión intergeneracional.
Fuentes:
CNN en Español. (2025, 15 de noviembre). Marcha de la Generación Z protesta contra Sheinbaum por inseguridad y violencia. Recuperado de: https://cnnespanol.cnn.com/2025/11/15/mexico/marcha-generacion-z-protesta-contra-sheinbaum-orix

