Natalia García Sandoval
Estudiante de Psicología
Si pienso en mis primeros semestres de universidad, la palabra que viene a mi mente es caos. Me la pasaba apagando incendios, uno tras otro; tareas entregadas al límite, proyectos estancados que se acumulaban hasta explotar, maratones de desvelo frente a la computadora en los fines de semana… El tiempo estaba siempre respirándome en la nuca, y lo peor, sin disfrutar nada de lo que hacía.
Hoy las cosas son muy distintas: entrego todo a tiempo, mis semanas están ordenadas y los fines los reservo para descansar y hacer lo que me gusta. Lograrlo no sucedió de la noche a la mañana, ni con una fórmula mágica, pero sí con un proceso que puedo resumir en varios pasos:
1. Reconocer el caos
El primer paso fue aceptar que estaba procrastinando y que mi manera de trabajar no funcionaba. Mientras siguiera justificándome con frases como “trabajo mejor bajo presión”, nada iba a transformarse.
2. Priorizar lo importante
Hace un par de años, decidí darle oportunidad a un libro del que un buen amigo me había hablado e insistido en que leyera. Al inicio pensé que sería un libro de autoayuda más y que probablemente desperdiciaría mi tiempo si lo leía. Estaba muy equivocada. Tras leerlo, decidí comenzar a actuar para cambiar mi estilo de vida.
Se trata de un libro sorprendentemente sencillo de digerir; tiene pocas páginas que puedes ajustar a tu estilo apresurado, si es el caso. Utiliza un lenguaje completamente entendible y poderoso, además de que, realmente, es muy económico.
Hablo de Tráguese ese Sapo, del escritor y orador motivacional Bryan Tracy, en donde propone una serie de estrategias lo suficientemente efectivas para tomar decisiones rápidas y asertivas mientras mejoras tu eficacia académica o profesional.
La primera estrategia, y de la cual deriva el título del libro, consiste en imaginar que si cada día debes tragarte un sapo —sí, el más verde y baboso de todos, del cual no tienes escapatoria— debes escoger la mañana para hacerlo (Tracy, 2017). No lo dejes para en la tarde, mucho menos para la noche; no te atrevas a ir formando tu propia colección de sapos. Si decides engullirlo para el desayuno, podrás continuar tu día con la satisfacción de saber que lo peor ya ha pasado. Ese sapo es tu tarea más pesada e importante; probablemente es también la más decisiva de todas.
¿Cómo saber cuál es mi sapo más grande y gordo? Si desarrollas la habilidad de la selectividad, averiguarlo resultará sencillo.
Para distinguir la tarea debes comenzar a diferenciar entre lo urgente (lo que “arde” en el momento) y lo importante (lo que realmente suma). Por ejemplo: responder mensajes de WhatsApp puede parecer urgente, pero escribir tu ensayo final es lo importante. Para asegurarte de estar haciendo la elección correcta, debes preguntarte a ti mismo “¿Qué tarea, si la completo hoy, tendrá el impacto más positivo en mi vida o en mis estudios a largo plazo?”. Esa suele ser la que más te conviene atacar primero. Después, debes evaluar las consecuencias que se presentarán en caso de no cumplir con esa tarea. Piensa “Si no hago esto, ¿qué sucederá? Si la consecuencia es grande, —repruebas, se retrasa un proyecto, pierdes una oportunidad— ahí tienes a tu sapo.
Nota: El sapo casi siempre es la tarea que más miedo, flojera o resistencia te provoca. Ese nudo en el estómago se llama incomodidad, y suele ser una señal relevante.
Muchas veces procrastinamos no solo por flojera, sino porque no sabemos bien qué es lo prioritario.
3. Dividir lo grande en pequeños trozos
Parte de mi procrastinación venía de sentir que ciertas tareas eran demasiado grandes, entonces me ahogaba con un vaso de agua que, en realidad, podía decidir tomar trago a trago. Aprendí a fragmentar mis tareas y responsabilidades de forma que no me paraliza frente a un monstruo inabarcable. Ejemplo: Si un ensayo largo y complejo se aproximaba, yo lo convertía en “hacer esquema general, buscar fuentes, redactar introducción, escribir primer párrafo”. Para el final de la semana, el ensayo parecía haberse escrito a sí mismo.
4. Cuestionar lo que hacía
Debido a que, en algunas ocasiones, las estrategias de distinguir a mis sapos y dividir lo grande y espantoso en pequeñas tareas no eran suficientes para aniquilar mi procrastinación, comencé a cuestionar el fondo de lo que estaba haciendo. Me hice una pregunta sencilla pero poderosa: ¿Esto que tengo que hacer, realmente me gusta o me aporta algo valioso” Ahí encontré dos posibles respuestas:
Si la respuesta era sí, entonces me entregaba de lleno. Dejan de verlo como un pendiente pesado y lo transformaba en una oportunidad de aprender algo que me apasionaba. De pronto, ya no me estaba forzando a trabajar; sino que tenía hambre de conocimiento.
En cambio, si la respuesta era no, entonces evaluaba si desertar la misión representaba algo verdaderamente negativo. En caso de que el mundo no cayera, la abandonaba. Decidí comenzar a direccionar mi energía en cosas realmente importantes y transformadoras.
Sin embargo, es verdad que existen aspectos de la vida que no nos gustan o nos parecen irrelevantes, pero son importantes y necesarios en el camino. Aprendí la lección de la aceptación genuina; y pasé de luchar contra ellas, a abordarlas con calma y sin resistencia. Pronto, la tarea dejaba de atormentarme y quedaba en el pasado.
Cuestionar mis tareas me dio claridad. Aprendí a diferenciar entre lo que me llenaba y lo que no, y en lugar de quedarme estancada en la procrastinación, decidía conscientemente dónde poner mi energía y cómo enfrentar lo inevitable. Esta honestidad conmigo misma resultó tan poderosa como cualquier técnica de productividad.
Al final, comenzar a ser productiva consistió en un proceso de probar, fallar y volver a intentar. Ser una persona organizada es un estilo de vida que, si bien se vuelve más sencillo con la práctica, no puedes permitirte abandonar. Recomiendo ampliamente el libro de Tracy, pues, representa un empujón real para comenzar; lo demás viene de cada quién.
Convertirse en un ser humano capaz de organizar su vida es, en sí, un sapo que debemos tragar todos los días.

Referencia:
Tracy, B. (2017), Tráguese ese Sapo: 21 maneras de dejar de postergar y hacer más en menos tiempo. Grupo Planeta.

