¿Qué pasará con el perro?

  José Daniel Arias Torres   Me dicen el aventurero porque a todo lo que veo le toca, me juzgan […]

 

José Daniel Arias Torres

 

Me dicen el aventurero porque a todo lo que veo le toca, me juzgan como el malo de la historia y al principio me lo creía, hasta me agradaba serlo, existe cierto placer en saberse el principal enemigo del mundo, pues somos necesarios para que este mundo de mierda funcione, si no existiéramos todo el sistema colapsaría. No me juzguen de “chairo”, no porque use la palabra “sistema” significa que sea mi vocablo más usado, pero es que por más que le busco nosotros, los pobres, somos toda la razón de ser de este, a través de nosotros se crea ideología, estructuras, cultura, historia, religión, somos la justificación de que este mundo sea así y no de otra forma, un enlace de partículas que crea esto y no aquello. Ya sé que te preguntas como es que si soy pobre tengo un vocabulario más o menos aceptable, y es normal, el estigma nos persigue, se cree que por ser pobre eres ignorante y los ricos no conciben que nosotros sepamos lo que ellos desconocen, que déjenme decirles es mucho más de lo que ellos saben, todas esas verdades buscadas por los filósofos nosotros las tenemos día a día en nuestra vida, no es difícil, solo debes de vivir.

Me gano la vida asaltando y ya sé lo que piensas de mí, pero poco me importa eso, yo sé lo que en realidad soy, soy un estigma y un síntoma, ¿de qué? no lo sé, pero de algo putrefacto, de eso estoy seguro. Sin embargo, morir es necesario para nacer, y yo soy esa muerte, no lo digo en términos literales, jamás he asesinado a nadie, pero sí se me ponen pendejos si les meto sus chingadazos, me refiero más bien a una muerte simbólica, todos nosotros somos síntomas de que este país ya no tiene rumbo, aunque le den perro lazarillo.

Yo soy todo menos el malo de la historia, he llegado a la conclusión de que, en realidad, yo soy el más bueno de todos. ¿Por qué?, te preguntarás, ¿qué no prestaste atención a lo que dije hace rato? Por la misma razón por la que se nos tacha de demonios, porque somos necesarios para que este mundo y tu vida funcionen, de lo contrario, no existiría ningún enemigo público a quien odiar y criticar, eso sí que sería un caos, tan solo imagina tú vida sin seres a quienes odiar, sencillamente carecería de sentido y no tendrías más opción que buscarle defectos a quienes amas, de la misma forma sin nosotros el Estado no tiene justificación alguna.

Bien, ya me presenté, espero que al menos este acercamiento entre nosotros funcione para que de alguna manera tú juicio contra mí no sea demasiado violento, quiero recalcar que jamás he matado a nadie… hasta ayer, ¿o fue hoy?, ya ni recuerdo.

Te voy a confesar, un asalto es todo un arte, tienes que saber a quién, cuándo, cómo y dónde, ese es el verdadero cuestionario para conocer a otra persona. Cuando de verdad quieras aprender y conocer a alguien más, asáltala, te lo digo en serio, no hay faceta más genuina en el ser que cuando estos se creen destripados a media calle, no hay pierde. Pero como te iba diciendo, es el octavo arte, esos que terminan matando al asaltar son novatos o drogadictos que acaban por arrepentirse, ya sea en la cárcel de a de veras o en la cárcel urbana, sí o sí. No somos psicópatas, queremos cosas, no vidas ni cargos de consciencia, pero como somos humanos a veces cometemos errores.

Mi error más grande fue el de hace un año, estado borracho me aventuré al asalto nocturno, con la vista borrosa y distorsionada y mis piernas de bailarín tambaleante salí a la calle, la tragedia no se hizo esperar. A mi víctima la vi como muchas y creyendo que eran muchas por mi vista movediza alcohólica me aproximé a él, ya sabes, uno se envalentona con licor en la sangre, saqué la navaja y con el habla arrastrada le dije “A ver, hijjjjo dee la shinnnggadda, sha te cargo la vvverga, damme todas tusss cosaass”. Cuál no sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que esa única persona que vi y que parecían muchos, no solo parecían, sino que eran en realidad muchos, de la misma forma no sé si fue porque estaba tomado, que no solo vi muchos golpes y patadas que llovían, sino que sentí muchos golpes y patadas, fue ahí cuando aprendí que, como en cualquier trabajo, el asalto se debía de desempeñar sin haber ingerido drogas, alcohol o cualquier tipo de medicamento por lo menos durante las 24 hora previas.

Me gusta asaltar, de antemano sé que debo ser cuidadoso. Trabajo solo porque sólo me conozco a mí, y nunca sabes con qué clase de locura te pueden salir otras personas, eso mantenlo siempre en mente, es ley de vida, ni tú mamacita chula te conoce tanto como tú lo haces.

Me considero una persona versátil, cuando tengo ganas de causar miedo al dolor asalto con cuchillo, cuando tengo ganas de causar miedo a la muerte pues asalto con pistola, cuando me las doy de ilusionista meto un palito al bolsillo de mi sudadera y le hago como si trajera una navaja, eso sí, como cualquier arma nuclear, sé que llevar esos artefactos mortales son solo una forma de persuadir e intimidar, pero están hechos para nunca ser utilizados, algo simbólico, de tener que ser usados entonces eso significa que algo estás haciendo mal.

A los que más me gusta asaltar es a estudiantes, además de forrados en artefactos electrónicos y dinero ponen una cara de susto que te cagas de risa, claro que no te puedes reír en su cara, sería una falta de respeto para la profunda conexión que ambos comparten en ese instante. Una risa arruinaría el ambiente místico, porque sí, el miedo es místico, he leído que el miedo te devuelve a la etapa más primitiva de la raza humana, cuando aún no era comprendido el principio de la causalidad universal, por eso creo que mi labor es equiparable a la de un sacerdote o a la de un chamán, los tres te hacemos suplicar y rezar por tu vida. Pero de entre todos los estudiantes tengo preferidos, en especial los güerejos hijos de papi, muy machotes muy machotes, pero cuando ven la navaja te ofrecen hasta los calzones para que no les hagas nada, cuando me agarro a uno de esos me dan tanto dinero que ya ni tengo que volver a asaltar por una semana. Pero no, esos no son mis favoritos, mis favoritos, o más bien, favoritas, son las jovencitas güeritas, y sí, solo las güeritas porque a esas se les nota como se les va la sangre a la cabeza de lo coloradas que se ponen cuando empiezan a llorar, no lo negaré, esos gestos son mi fetiche.

Pero pues bueno, te cuento la historia al grano, trata de no juzgarme tan feo. La cuestión es que ayer llevaba la pistola en mi pantalón, no tenía planeado asaltar a nadie, pero aun así la llevaba conmigo, luego en la ciudad hay cada loco que te quiere asaltar que mejor prevenir que lamentar. Caminaba por las calles ya oscurecidas cuando veo a una de las morritas que te cuento que me gusta asaltar, al principio la ignoré y seguí mi camino, pero es que, de verdad, nunca antes en mi vida había visto un escenario tan propicio para el asalto: calles oscuras, solitarias, una chica sola y un callejón a la mitad de la calle. No me creerás si te digo que cuando menos lo pensé ya estaba tras ella, así, te lo juro; ella iba con los audífonos puestos, otro punto a mi favor, me acerqué sigilosamente, más que por cautela por saborear el momento, pues era seguro que no me escuchaba y cuando pasó frente al callejón yo me abalancé sobre ella y la obligue a entrar en él, al principio la chica no sabía que pasaba y sólo me miraba catatónica, le demandé que me entregara sus cosas pero no se movía, vaya, ni parpadeaba, yo sabía qué hacer, saqué la pistola y se la puse en el vientre, con la voz más agresiva aún le dije que me diera sus cosas y al momento ella empezó a gritar como desquiciada, como si la quisieran matar, me suplicaba que la perdonara y que no le hiciera nada, soy humano, me empezó a poner nervioso pero al mismo tiempo me irritó, en otras circunstancias habría huido de ahí, no sé por qué no lo hice, di un paso hacia atrás y ella se arrodilló gritando aún más fuerte, al mismo tiempo que me daba su celular y su bolsa, estaba hecha un caos, era evidente que ella sabía de caminar en las calles lo que yo de baños en jacuzzi, o sea nada.

Al tener sus cosas traté de irme, pero ella en pleno llanto se aferró a mi pierna, traté de zafarme, pero solo se sostenía con más y más fuerza, nunca antes me había pasado algo así, seguramente a ella tampoco. Ante lo desconocido y la posibilidad de que los vecinos de la zona enardecidos me amarraran y quemaran vivo para hacer justicia con mano propia, mi ser tuvo miedo y ya sabes lo que te dije del miedo, me llevó a mi estado más primitivo y actué por puro instinto, presioné el gatillo e hice un perfecto agujero en su cabeza, al momento su mano aferrada se hizo puro peso muerto, cayó en el suelo y un charco de sangre se comenzó a formar, dudé un poco antes de huir, estaba atónito, parecía yo el asaltado. Lo único que sé es que después estaba corriendo, corriendo como si quisiera ganarle el paso a la muerte. Un par de horas luego estaba en casa, aún sin terminar de saber bien qué es lo que había hecho. Ya te había dicho que esos que se dicen asaltantes y terminan matando acaban arrepintiéndose, yo también fui el caso, de asaltante a asesino había un solo paso y yo lo había dado.

Fue en la madrugada, mientras revisaba su bolso sin saber a ciencia cierta con qué propósito lo hacía, que di con algo interesante, además de crema, gel, maquillaje, papeles, encendedor, mariguana y cigarrillos, la chica tenía fotos de su mascota, un pequeño perro faldero negro. Cuando revisé su cartera vi que era estudiante y que vivía en cierta dirección, al ver su celular y notar que no tenía clave igualmente averigüé, por medio de sus fotografías y conversaciones, que era foránea y vivía sola. Al inicio era solo un pensamiento, pero con el transcurso de la madrugada este mismo me fue devorando más y más la cabeza: ¿qué pasará con el perro? Probablemente tardarían un par de días en averiguar quién era ella, al final el tiro fue directo a la cabeza, eso sin mencionar que el aviso de que estaba desaparecida saldría solo después de 48 horas de su ausencia. ¿Qué pasará con el perro? Pensé en dejarlo así, pero pronto recordé que los perros falderos son más inútiles que los gatos y ya ni decir que los perros callejeros. ¿Qué pasará con el perro? Probablemente una buena samaritana entrometida se encargaría de él, pero ¿y si no lo escuchaban? ¿qué pasará con el perro? Seguro su dueña, que en paz descanse, le dejó comida suficiente, quizá sufriría un poco de hambre, pero al final alguien tendría que llegar por él. Pero si su difunta dueña era una despreocupada y su familia alérgica a los canes ¿qué pasará con el perro? Al primer minuto de la mañana lo resolví, yo me encargaría del perro, la credencial de identificación de la chica había sido expedida el presente año en este estado, mientras que ella, según la información que había recolectado, era de otro, era evidente que ahí estaba el perro.

Decidí que si al llegar a su casa había alguien más me deslindaría de toda responsabilidad y me marcharía, pero sí no había nadie, entonces forzaría la chapa y entraría.

Hice mi viaje en taxi, eran las seis de la mañana cuando llegué, me bajé de él, despaché el automóvil y me dirigí a la entrada de la casa. Al revisar mi entorno y ver que no había nadie por la calle toqué la puerta dos veces sin respuesta. Era un hecho, el perro estaba solo. Saqué mis herramientas, abrí la puerta a la fuerza y bueno, el resto ya lo sabes, llevo veinte minutos contándote mi historia, lamento haber matado a tu dueña, ahora sabes que no fue mi intención y sin intención no cuenta. A partir de hoy yo voy a cuidarte como penitencia por mis actos, vente, has de tener frío, solo una advertencia, sí te cagas en mi alfombra dejas de dormir en mi cuarto.

 

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El contenido del presente texto es responsabilidad del autor y no representa las opiniones de la Coordinación de Difusión Universitaria.

 

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