Diego Salamanca Cobos
Estudiante de Literatura y Filosofía
Lilith y Eva se encuentran en la oscuridad,
Quebrando un orden de costillas abismal,
En sitio que no concibe la soltura,
Ausencia de carne entre las piernas revela a Satanás.
La primera, mujer del infierno, maldita sea,
En arcilla y sudor encuentra el génesis que la sustenta,
Igualdad en jerarquía a un hombre nunca creado,
Desear su valía le arrojó de la vida eterna.
Segunda en origen, sumisa en esencia,
Eva no conoce de Lilith la tristeza,
Del costado del hombre amado,
Ignora en su totalidad las prudencias.
Conoce a la tentación al ras del suelo,
Metiendo a conciencia el veneno,
El recorrido en la garganta la deja sin hogar,
Al ser expulsada de aquel lugar sin remedio.
Acompañada, con frío, y menstrua,
Sin recibir respuesta,
Eva sin consuelo llora a la luna,
Temiendo la promesa de unas cadenas.
Adán trabaja mientras Eva espera,
Ella carga en el vientre una promesa,
Nueve meses de maravilla hallada,
De pronto la humanidad sale de su entrepierna.
Mientras la mujer pura es buena y obediente,
Lilith de la arena se vuelve una huésped,
Amanece frente a un mar salado y oscuro,
Rechazando de las plumas celestiales los edenes.
Eva suda, construye y ama;
Lilith corre, descubre y clama,
Eva gime, sufre, añora;
Lilith calla, busca, reclama.
La pedrada fraterna a la esposa destroza,
Se transforma en una viajante sin chozas,
En busca de consuelo se encuentra ante el agua,
Y una noche halla a Lilith entre lomas.
Mujer mira a mujer, nunca antes descubierta,
Sudor, libertad y pecado de una hembra,
Entre senos, cavidades y vulvas,
Dos mujeres sus penas y heridas conectan.
Eva y Lilith en la playa conversan,
Madre y demonio una aliada encuentran,
Rompiendo el pacto de dioses patriarcales,
Dos mujeres al fuego tientan.

