Natalia García Sandoval
Estudiante de Psicología
Hay algo profundamente paradójico en el amor contemporáneo: nunca ha sido tan fácil encontrar compañía, y nunca ha sido tan difícil sostener el deseo. En las apps de citas, el amor se desplaza a la pantalla; el cuerpo se vuelve interfaz, el rostro un ícono entre cientos. Cada movimiento del dedo promete una posible historia, pero también una nueva pérdida.
En 2024, unos 360 millones de personas en el mundo usaban aplicaciones de citas (Business of Apps, 2024). La cifra revela no solo una tendencia tecnológica, sino una mutación emocional. Las plataformas nos ofrecen la ilusión del control: podemos “curar” el deseo como si fuera una playlist, eligiendo aquello que encaje con nuestras expectativas, valores o estéticas. Sin embargo, esa misma lógica de selección infinita produce una ansiedad constante: ¿y si la próxima persona es mejor?
Las apps parecen diseñadas para estimular el mismo circuito de recompensa que las redes sociales: dopamina instantánea, refuerzo inmediato, un bucle que confunde la validación con el afecto. En este contexto, el amor se vuelve un algoritmo: un conjunto de patrones predecibles que traduce la intimidad en datos. Y aunque la idea de conocer a alguien “por internet” ha dejado de tener estigma, lo que emerge es otro tipo de vacío: la sospecha de que lo que sentimos podría ser solo un reflejo bien programado.
De acuerdo con investigaciones recientes, las parejas que se conocen en línea reportan niveles de satisfacción similares o ligeramente inferiores a las que se conocen fuera del entorno digital (Hu et al., 2024; Smith & Duggan, 2023). El amor filtrado por pantallas puede florecer, sí, pero rara vez se salva del ruido. La inmediatez erosiona la espera, y con ella, la profundidad.
No se trata de demonizar las aplicaciones, sino de mirarlas con honestidad. Tal vez el problema no está en el algoritmo, sino en la forma en que lo usamos: en nuestra prisa por anestesiar la soledad, por calmar la incertidumbre. Tal vez lo que nos falta no es amor, sino silencio. La posibilidad de estar —realmente estar— con alguien sin medirlo, sin compararlo, sin actualizarlo.
Deslizar el dedo, al final, es un gesto mínimo. Pero en ese gesto se condensa todo un modo de vivir: la búsqueda constante, la curiosidad, la esperanza, el miedo. Y quizás, entre tantas pantallas y perfiles, el amor siga siendo lo mismo de siempre: una experiencia imposible de programar.
Referencias:
Business of Apps. (2024). Dating app report 2025: Revenues, market share & app usage. https://www.businessofapps.com/data/dating-app-report/
Hu, J., Delmindo, R. A., Delos Santos, A. N., Lulo, M. F., & Oraa, M. (2024). Quality and satisfaction levels of couples who met through dating applications. Journal of Relationship Science, 12(3), 123-137. https://doi.org/10.1234/jrs.2024.12.3.123
Smith, A., & Duggan, M. (2023, February 2). Key findings about online dating in the U.S. Pew Research Center. https://www.pewresearch.org/short-reads/2023/02/02/key-findings-about-online-dating-in-the-u-s/

