Por: Danaé Itzel Ramírez Arjona
Estudiante de Comunicación
«Las sociedades más humanas suelen ser más pequeñas, como Holanda, donde es mucho más fácil alcanzar el consenso y la cooperación» David Korten.
Holanda, tierra tabú que ha generado mala fama por sus decisiones abiertamente distintivas que aprueban usos u oficios vistos políticamente incorrectos desde otros países. El famoso distrito rojo y los “coffee shops” holandeses que venden sexo y drogas contribuyen con 2 mil 500 millones de euros por año a la economía nacional, algo más del consumo de queso del país.
Se comenta en todo el mundo sobre la Zona Roja, pero esto no significa que todos entienden lo que sucede aquí. Para algunas personas es incomprensible cómo se puede convivir en el Barrio Rojo la industria sexual con los vecinos “normales” que tienen su residencia en el mismo barrio. O cómo es que la prostitución está completamente regulada en los Países Bajos, de forma que cada prostituta está obligada por ley a tener contratada una seguridad social privada (como cualquier trabajador neerlandés), a pagar tributos al Estado, hacer declaraciones de Hacienda y todos los procesos legales a los que un trabajador o empresa han de llevar a cabo para mantener su estatus de legalidad.
De acuerdo con ciertas políticas del gobierno neerlandés, el Estado o la sociedad no son quienes para decir a la gente individualmente cómo vivir (sí para ayudarles, y de hecho es uno de los países con mayores políticas sociales del mundo). Simplemente, las decisiones que recaen en el individuo y afectan sólo a él, así que deben ser siempre respetadas.
Por eso Holanda fue el primer país en re-legalizar la marihuana, al igual que se legalizó la prostitución siempre que no se ejerciera en la calle, hoy puedes pasear por el Red Light district de Ámsterdam, situado en el centro histórico de la ciudad (en lo que antaño fueron casas de pescadores) sobre el dique de Ámsterdam, y muchas otras ciudades holandesas y ver a las prostitutas en una especie de escaparates o vitrinas, totalmente integradas en la ciudad.
El barrio también cuenta con un enorme número de sex shops, restaurantes, hoteles, cafés y locales de exhibición. En estos locales muestran contenidos de carácter sexual, y cabe especificar que son muy concurridos por los turistas, no por los holandeses. La calle más célebre del barrio es la calle central llamada Warmoestraat, repleta de bares, coffee shop, gente y cerveza. Puedes entrar en un bar de marihuana (coffee shop) y elegir entre muchas variedades de hachís y marihuana para fumar (que debes fumar allí dentro o en tu casa, nunca en la calle). Porque en la vía pública se entiende que sí afecta a los demás. Y siempre sólo por mayores de edad.
El visitar, vivir o estudiar en Holanda es mucho más que imaginar una vida salvaje y liberada en uno de los países más progresistas del mundo, es ser parte de una comunidad que acepta y promueve una forma de vida más abierta al cambio, que no tiene miedo “al qué dirán” y trata de ser una diferencia sin siquiera intentarlo.
