Natalia Hernández Cancino
Estudiante de Ingeniería en Biotecnología
En el siglo XXI es muy común el uso de términos como “vivir experiencias” o “experimentar”. Rolf Jensen (1999) describe una sociedad caracterizada por la comercialización de emociones. Ya no es suficiente crear un producto útil para que el producto tenga éxito, su principal propósito debe ser la habilidad de satisfacer alguna necesidad emocional. Los economistas Joseph Pine II y James H. Gilmore (1999) también argumentan que cualquier bien o servicio debe pensar en crear experiencia.
En la actualidad tenemos muchas ofertas comerciales, mil y una opciones de un solo producto. Sin embargo, parecen no ser suficientes, siempre estamos en constante busca de algo nuevo e innovador, continuamente buscando diferenciarnos del resto de la sociedad. Aun así, es muy probable que dentro de este mundo tan competitivo no podamos alcanzar un sello personal, una marca irrepetible que nos diferencie por completo de los demás. La única forma de conseguirlo es rodeando el producto de actividades intangibles que estén incluidas en la compra del cliente. De este modo se consigue, por un lado, disfrutar de una serie de sucesos memorables y, por otro, involucrar personalmente al cliente (Pine y Gilmore, 1999).
La experiencia es algo que no se puede arrebatar o transferir, es una vivencia personal y única que llega a involucrar sentimientos, emociones y sensaciones de un individuo. No existe una definición exacta de este término debido a que existen muchos tipos de experiencias; tales como religiosas, sociales, místicas, estéticas, o turísticas. En esta última nos referimos a la oportunidad de experimentar vivencias en un lugar o cultura diferente, independiente del tiempo que este dure. La naturaleza es un escenario que favorece a la creación de nuevas experiencias, a veces llamadas “misticismo natural” (MacCanell, 2003). Clásicos como Anatole France ya apuntaban la conexión entre viaje y naturaleza: “El vagar restablece la armonía original que una vez existió entre el hombre y el universo”. Christina Ahlfert menciona en su artículo “El viaje como experiencia” que la experiencia turística solo se consigue cuando la importancia no está en el recurso visitado, sino que está en los ojos de quien lo mira. ¿Por qué? Simple y sencillamente porque el viajar genera perspectivas más amplias en un individuo. Nos enseña diferentes formas de vivir y pensar, a desarrollar mejores habilidades de comunicación y confianza en uno mismo, nos ayuda a generar herramientas para enfrentarnos a distintas situaciones, nos ayuda a empatizar y a valorar más lo que tenemos; a plantar los pies en la tierra, pero a su vez a pensar siempre en grande, nos enseña un mundo nuevo, un mundo que está en constante movimiento.


Bibliografía
Ahlfert, Christina. EL VIAJE COMO EXPERIENCIA AUTORA. 6 May 2016, https://dau.url.edu/bitstream/handle/20.500.1434214340/Ahlfert_PTSI_ELVi.pdf?ssequence=1&isAllowed=y
“HOMEPAGE.” The Green Voyage, 19 July 2023, https://thegreenvoyage.com/es/¿Cómo-puede-viajar-cambiar-tu-vida%3F/.

