
Por Héctor Eduardo García Hernández
El primer día de 2020 me prometí que este iba a ser el mejor año de mi vida. Sé que al planear las cosas éstas normalmente no terminan saliendo tal y como lo deseas, sin embargo, estaba muy seguro de lo que me esperaba: finalmente iba a terminar la universidad, trabajaría en verano antes de irme de Puebla, me iría a vivir a la Ciudad de México y probablemente hubiera empezado una nueva relación con la persona con quien estaba saliendo a principios de año. Hoy es junio y tengo muy poca esperanza que alguna de estas cosas ocurra, al menos de la manera en la que me hubiese gustado.
Cuando a finales de marzo tuve que ir por todas mis cosas a Puebla para desocupar la casa en la que vivía, y la última vez que hablé con el chico con el que estaba saliendo, fueron dos momentos que me hicieron darme cuenta de lo equivocado que estaba sobre lo que iba a ser el resto de mi año.
Este periodo de cuarentena nos obligó a poner en pausa nuestras vidas. Al principio me costó aceptar que ninguna de las cosas que había planeado iban a hacerse realidad. Decidí dejar de atormentarme y aceptar mi nueva normalidad lejos de lo que hubiera sido.
Llevo tres meses en mi casa después de cinco años de haberme ido a estudiar la universidad y no haber estado aquí en periodos mayores a un mes. En los primeros días me sentía como un extraño en mi propia casa, pero hoy me siento como si nunca me hubiera ido.
Creo que este tiempo lo he visto como una oportunidad para reconectar con mi familia y conmigo mismo. Es cómico que tuvo que ocurrir una pandemia global para que pudiese sentirme de esta manera. Sé que probablemente estaría más feliz con mi plan original, no obstante, parte de mí agradece esta pausa involuntaria al ritmo convencional de mi vida. Me encantaría saber que hoy las autoridades van a decir que a partir de mañana ya podemos salir de nuestras casas y que podemos vivir nuestra vida de la manera en la que siempre lo hemos hecho, pero sé que esto está lejos de ser verdad.
Gente cercana a mí le tocó vivir la enfermedad y otra murió, no me puedo imaginar por lo que sus familias pasaron. Hoy nos toca ser responsables aunque eso signifique hacer de lado nuestros verdaderos deseos y aunque las cosas mejoren tenemos que continuar con las medidas recomendadas para evitar nuevos contagios.
Respecto a mis planes pues realmente no tengo mucha certeza de lo que vaya a suceder, tampoco sé si este vaya a ser el mejor año de mi vida, probablemente no, no tengo cabeza para pensar en ello. Por el momento no pienso en otra cosa que no sea quedarme en mi casa y cuidar a todos los que quiero. Lo demás tarde o temprano va a suceder, o no.

