Lo que otros llaman destino

Paola E. Haiat Dos ojos enormes observan con detenimiento la humanera. Clara está dando de vueltas alrededor de su cama. […]

Paola E. Haiat

Dos ojos enormes observan con detenimiento la humanera.

Clara está dando de vueltas alrededor de su cama. Mira el celular un par de veces ansiando ver la esperada notificación. Hoy es el día. Estuvo en lista de espera durante un par de meses después de su candidatura y, luego de una serie de largos estudios y análisis, resultó seleccionada para el programa.

Hoy es el día más importante de su vida, se convence. Se ha puesto el vestido negro porque la hace lucir mucho más delgada y se compró unos tacones exclusivos para esta ocasión. No sabe muy bien cómo va a pasar, pero sabe que ocurrirá hoy. Después solo será cuestión de esperar nueve meses y el resultado le dará seguridad el resto de su vida. No más preocuparse por el dinero, ni tronarse los dedos por terminar el mes.

En la aplicación le sale la ubicación y ella se mira por última vez en el espejo antes de emprender su camino.

¿Sería como en el promocional del programa? Cuando vio anunciado por primera vez “un futuro mejor” pasó horas frente a la encuesta de inicio pensando en si presionar el botón enviar o no. Si la seleccionaban podría solucionar sus problemas económicos. Su madre le dijo que en el pasado la renta de vientres había estado muy de moda, pero que rentar tu cuerpo para una maternidad completa tal vez era demasiado. El programa estipulaba que eran al menos quince años, entregarse quince años por completo a un niño para proteger la imagen de una madre. El padre debía comprometerse a lo mismo. Incluso vivirían en una ciudad completamente diseñada para ellos, para que su hijo creciera de la mejor forma.

Jugar a la casita como ella jugaba con las muñecas. Porque ella siempre quiso ser madre antes que profesionista, que exitosa, que empresaria. Todas esas cosas no ocupaban su cabeza tanto como la familia feliz. Eso le iban a dar hoy. El punto de encuentro con su pareja ideal. Esa cuya genética combinaba tan bien con la suya.

Se apresura, dando pasos cada vez más rápidos. Se mira en cada escaparate de la ciudad que a ella le parece cada vez más preciosa a pesar de la neblina que todo lo cubre. Se ajusta su cubrebocas porque presiente que respirar smog puede resultar peligroso para su futuro bebé.

Llega a la empresa. La aplicación empieza a vibrar, porque él está cerca. Voltea a mirarlo y no sabe muy bien qué pensar.

Siempre pensó que el amor de su vida luciría diferente.

 

 

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El contenido del presente texto es responsabilidad del autor y no representa las opiniones de la Coordinación de Difusión Universitaria.

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