Más allá del desierto, lo que descubrí en la cultura marroquí

María Daniela Cid Peralta Estudiante de Derecho Viajar a Marruecos fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. […]

María Daniela Cid Peralta

Estudiante de Derecho

Viajar a Marruecos fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Desde el momento en que llegué, supe que me encontraba en un país distinto a México, no solo por su paisaje y arquitectura, sino también por su manera de entender la vida. Las diferencias culturales, lejos de ser un obstáculo, se convirtieron en una ventana hacia una nueva forma de comprender cómo existen diversas formas de pensar.

Lo primero que me llamó la atención fue el ritmo cotidiano, en Marruecos, el tiempo parece fluir muy rápido, ¿A qué me refiero? Pues al ritmo de vida diario, que no tiene un orden fijo, o si lo tiene, es muy difícil de precisar, sin embargo, a su vez se experimentan diversos momentos de paz, como el té que se comparte como un ritual, y la hospitalidad, que es una verdadera forma de expresar el aprecio que llegan a tener por los turistas. Esto me hizo reflexionar sobre la calidez humana que caracteriza a la cultura marroquí, en mi entorno, la vida suele girar en torno a la productividad y la eficiencia; en cambio, allí aprendí que la pausa también tiene valor.

Otra diferencia que me impactó fue la manera en que la religión está presente en la vida diaria, ya que tienen diferentes horas del día para hacer sus oraciones y poder tener ese momento para compartir con su Dios. Al principio, me sorprendía cómo las actividades se adaptaban a estos momentos; luego comprendí que esa conexión con lo sagrado daba sentido a su rutina.

También tuve que aprender y respetar la forma de vestir, el trato entre hombres y mujeres, la importancia de la familia y la comunidad. En algunas situaciones me sentí fuera de lugar o temeroso de cometer una falta de respeto, sin embargo, no contaba con que los hombres de este país no sueles dirigirse a las mujeres de manera directa, sino a través de un intermediario.

Recuerdo que uno de los momentos más bonitos de mi viaje fue cuando nos llevaron a lo alto del Sahara a ver cómo la noche se escondía y el amanecer cubría de luz el cielo, ese fue mi momento favorito. Cuando regresé de Marruecos, volví con una nueva sensibilidad hacia la diversidad cultural. A pesar de las dificultades que tuve en este viaje, compartí con mis amigos mi experiencia y claro que no es lo mismo pensarlo que vivirlo, y me di cuenta de que este viaje me dio la oportunidad de valorar las bendiciones que me da la vida, Dios y el universo al permitirme experimentarlas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio