José Ángel Lagunes Juárez
Desafortunadamente hoy por por hoy, en el panorama actual de México, no resulta extraño que cuestiones relacionadas con la violencia y la delincuencia, como la crisis de desaparición de personas, contribuya a que tengamos una realidad que se vislumbre un tanto pesimista y desoladora.
Las estadísticas, los casos registrados y la realidad de los hechos nos han mal acostumbrado a ver como sus números y frecuencia se incrementan, trayendo como consecuencia un aumento en la sensación de inseguridad en la sociedad mexicana.
Afirmo que en México es doloroso “habituarse a lo inaudito” cuando para 2019, pese a todos los instrumentos internacionales ratificados, leyes y sistemas creados para prevenir y erradicar las desapariciones de personas, solo existan 28 sentencias del fuero común por el delito de desaparición[1], en un país que aún busca a más de 99 mil personas desaparecidas[2].
Resulta inaudito cómo, pese a las desgarradoras cifras, siga pendiente el acceso a la justicia que deberían tener las y los familiares de las víctimas. Quienes pese a las marchas, las movilizaciones y la mediatización de estos hechos, lo único que se ha logrado es dar visibilidad a esta problemática, mientras las autoridades responsables siguen actuando pasividad, indolencia e ineficacia.
Afirmo que en México el modo es “habituarse a lo inaudito” cuando leemos, ya sin asombro, que México lleva tres años consecutivos encabezando los rankings de violencia urbana[3]; cuando escuchamos sin indignación que, de acuerdo con los datos mas recientes del INEGI, aproximadamente el 91% de los delitos que se cometen en este país no se denuncian; cuando nos enteramos sin asombro como del 30% al 35% del territorio Mexicano no es controlado por el Estado sino por grupos delincuenciales[4] o cuando vemos sin asombro y en directo casos como el de Debanhi, compañera estudiante desaparecida y localizada sin vida en Nuevo León, sigan pasando todos los días y se vuelvan emblemáticos por la falta de acceso a la justicia de los familiares y de las irregularidades durante la investigación y procesos institucionales.
Lo inaudito es lo habitual también en nuestro estado. Cuando podemos cerciorarnos a través documentos como el “Informe sobre la situación de la desaparición de personas en Puebla” publicado por el IDHIE, la manera en que se burocratiza el dolor de las víctimas, mediante estrategias efectuadas por las autoridades que dan como el resultado la revictimización de estas[5].
La realidad escandalosa de nuestro país se confirma cuando el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas a partir de las observaciones y recomendaciones realizadas en el Informe sobre su visita a México a finales del 2021[6], insten al Estado Mexicano a atender debidamente a las víctimas de desaparición; porque durante su visita se dieron cuenta de cómo las víctimas, durante los procesos institucionales de búsqueda, se encuentran prácticamente desamparadas por las propias autoridades.
Los miembros del Comité concluyen que México debería realizar todas las acciones pertinentes para que las desapariciones forzadas en México dejen de ser el claro ejemplo de la impunidad y poca seguridad que vive nuestro país.
Ante tan abrumadora realidad, como joven estudiante puedo concluir, que definitivamente vivimos en un mundo y México cruel, pero no podemos quedarnos inmóviles y abrazar esa crueldad como si fuera algo que nos merezcamos o debamos tolerar. Porque parte del “pacto social” con el Estado Mexicano es que nos provea de seguridad, paz y tranquilidad, que son nuestros derechos, no son algo negociable o algo que no debamos exigir.
Sé que quizá no podamos cambiar esta realidad cruel e inaudita de inmediato, pero en un México donde el lema de los gobiernos parece ser “la guerra es la paz; libertad es la esclavitud; ignorancia es fuerza”, reconstruir de forma creativa nuestra paz, quizá empezando por nuestro circulo social, familiar o comunitario, focalizando nuestros esfuerzos en exigir nuestros derechos y alzar la voz ante la injusticia y por aquellos que ya no están o aún no les encuentran. Cuidarnos mejor a nosotros mismos ante la pasividad del Estado en tomar acciones, es el primer paso para resistirse y recuperar parte de esa libertad que esta cruda realidad nos arrebató.

[1] Informe del Comité Contra la Desaparición Forzada sobre su visita a México al amparo del artículo 33 de la Convención. Disponible en: https://hchr.org.mx/wp/wp-content/uploads/2022/04/Informe-de-visita-a-MX-del-Comite-contra-la-Desaparicion-Forzada-abril-2022.pdf
[2] De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas de la Comisión Nacional de Búsqueda, al 9/05/22 se tienen registradas 99 mil 810 personas desaparecidas. Ver: https://versionpublicarnpdno.segob.gob.mx/Dashboard/ContextoGeneral
[3] http://www.seguridadjusticiaypaz.org.mx/sala-de-prensa/1603-ranking-2021-de-las-50-ciudades-mas-violentas-del-mundo#:~:text=En%202021%20las%20ocho%20ciudades,de%20la%20violencia%20homicida%20urbana.
[4] https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/controla-el-narco-hasta-35-del-territorio-en-mexico-alerta-eu/
[5] Informe sobre la situación de la Desaparición de personas en Puebla. Disponible en: https://bit.ly/3JPyuzG
[6] Informe disponible en: https://hchr.org.mx/wp/wp-content/uploads/2022/04/Informe-de-visita-a-MX-del-Comite-contra-la-Desaparicion-Forzada-abril-2022.pdf
