Sinaí Reyes
Estudiante de Comunicación
Un celular es el peor regalo del mundo disfrazado de las maravillas de redes sociales y hablar con los amigos, te vuelve un esclavo de tu vida y tu tiempo. Si es un smartphone, con reloj incluido te trae corriendo mucho más que el conejo blanco de Alicia con recordatorios, agendas, alarmas, tono de mensaje, tono de llamada, etc. La única mejor actualización ha sido el modo avión que te permite descansar sin ruiditos al menos 8 horas, si bien te va, pero entre los nativos digitales es incluso alarmante que no recibas un mensaje que te acaban de enviar o que lo hayas visto y no respondas al momento. Comentarios como “no te hagas, hasta en el baño pudiste haberme respondido” y el típico dejar en visto es una gran ofensa. La tragedia del Smartphone es que estás siempre en línea, tu vida pasa a segundo plano. No regalen celulares, regalen experiencias de comer con la tecnología apagada, regalen viajes a pueblitos mágicos donde no exista el internet, regalen una noche de sexo donde no haya wifi, regalen la posibilidad de disfrutar el momento, aunque previamente pensemos en nuestro pretexto para no decir “ahora no, tengo una vida que vivir”.

