Mi (no)espacio

  Por José Pablo Benítez Ruiz Todo está igual, nada ha cambiado. La misma pantalla negra de todos los días, […]

Ilustración: Freepik / @stories

 

Por José Pablo Benítez Ruiz

Todo está igual, nada ha cambiado.

La misma pantalla negra de todos los días,

se presenta como el último rastro de la realidad.

Tan terrible, tan oscura, tan profunda.

 

A través de ella desaparezco, dejo de ser.

Ya no existo sino a través de una red que no está en ningún lado,

¿Hay algo que quede de mí?

¿Hay algo en el mundo que pueda testificar mi existencia?

 

El espacio alrededor de mí se ha disuelto,

no existo en ninguna habitación del mundo.

Porque mi yo ya no existe en ninguna parte.

Ya no es más que es un dato, nadando en el abismo de la nada.

 

De pronto el mundo aparece;

El sol ilumina el espacio y da cuenta de lo que allí existe.

Podrá no haber nadie para verlo, pero la luz no puede mentir.

Aquí algo es. Seguro. Aquí yo soy.

 

Los libros recuperan sus letras, los lápices colorean de nuevo.

Las paredes ganan de nuevo su forma, su perfecta geometría.

Y con la voz del colibrí, de repente todo cobra sentido:

en este espacio nunca he estado solo.

 

Del librero se asoman Homero y Descartes,

y de la radio se escapan Natalia y Julieta.

Aquí, el mundo por fin se infla con colores

que pintan en el cuarto un hermoso porvenir.

 

Durante la pandemia, el espacio en que me desenvolvía se redujo a un par de metros cuadrados en los que sucedía toda mi vida. De ser explorador de un mundo sin límites, me vi de repente confinado a la repetición de los tres mismos movimientos que se pueden llevar a cabo encerrado entre tres paredes.

Dichos metros, eventualmente se convirtieron en centímetros. La pantalla se convirtió en mi habitación, pues toda mi vida se volvió digital. Afuera de ella, dejé de existir.

¿Qué queda de mí tras una desfiguración como esta? Comencé a habitar un no espacio. Comencé a ser ciudadano de un no lugar. Sin embargo, todos los días algo me recuerda que sigo aquí. Que mi humanidad y mi realidad no se ha esfumado. Que no lo ha hecho la de nadie. Que todos seguimos aquí. Y esto me permite regresar a mi espacio: un cuarto lleno de mí, en un mundo lleno de humanidad.

El verso es libre. Quise que las palabras se expresaran sin necesidad de decoraciones excesivas. ¿Acaso hay una mejor manera de hablar sobre un mundo tan caótico como en el que vivimos actualmente?

 

* Texto elaborado en el contexto de la Jornada de Reflexión Universitaria del ARU, dentro de la clase Ser Persona, impartida por el Mtro. Samuel Barroeta Valderrama

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