
Paola E. Haiat
No me llaman de ningún modo porque hace tiempo que perdí el derecho a ser nombrada.
Al principio una letra, después un número, más tarde un sonido, ahora me dirigen levemente la mirada y por su deseo reconozco que debo acudir.
Me monto sobre él. Empieza el vaivén que debo dejar que dirija.
Siempre es como si tuviera que saber qué es lo que quieren, como si tuviera que adivinar sus filias y cómo les gusta que me mueva. No muy rápido, no muy despacio. A veces me escupen, a veces me orinan.
Me quitaron los lagrimales y tengo dos ojos de porcelana que miran atentos a mis clientes, sin parpadear, fijos. Eso los excita.
Sentirlos fuerte, dentro, empujando, a eso se reduce. Soy un hoyo que se expande. Rápido, sin lubricación, de tajo. Soy una voz que se expande en forma de gemido, que grita nombres que después no recuerda.
Un casete que repite. Un disco que se raya. Un tocadiscos al que un miembro repasa.
La piel todavía me arde después de la última cirugía. Leves cicatrices aparecen debajo de mis pezones. Una enorme me parte en dos. Me quebraron, literalmente, y me reconstruyeron porque soy más bonita, mejor formada.
Empiezo a menearme encima de él.
Más rápido, siempre más rápido.
Siento caliente, se ha corrido dentro.
Empiezo a sentir un líquido corriendo entre mis piernas.
Y aunque busco qué se siente, lo cierto es que hace tiempo que dentro y fuera no hay nada.
≈≈
Me lo merezco.
Lubricada o no habré de meterlo, de zarpazo, para sentirlo menos. Porque así me gusta, según todos esos comentarios, porque mi padre me dijo que seguro dejé que me la metiera en seco de tanta urgencia que se me nota por crecer cuando no estoy lista.
Estaba lista para que me la metiera desde el primer día y eso me convierte en una perra salvaje que merece estar aquí.
Meto en mi boca una playera vieja que usé la última vez que me acosté con mi novio, cuando seguro le supliqué que me cogiera.
Meto el gancho y grito en sordo fuerte, fuerte.
Se siente peor de lo que mis amigas me dijeron. Desgarro, no me importa qué parte sea. Me voy a deshacer de esto.
Empiezo a menear el gancho.
Me lo merezco, me lo merezco, me lo merezco.
Porque no debí dejar que me la metieran y ahora tengo que meter esto hasta el fondo. Más rápido. Más y más rápido.
Siento caliente entre las piernas y en las mejillas.
No estoy segura de poder seguir sintiendo algo por más tiempo.
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