Habitar en lo desconocido: memorias que crean vínculos

....Un nuevo comienzo en donde la ciudad parece ser la misma, pero nuestras experiencias, memorias y preguntas moldean una nueva forma de vivir, resignificando nuestra aventura en una comunidad.

Angel Sánchez Machorro

Estudiante de Relaciones Internacionales

La Universidad Iberoamericana de Puebla, dentro del Servicio Social universitario, brinda la oportunidad de participar en proyectos con diversos desafíos sociales del país. Cuenta con tres modalidades, y una de ellas es la de inserción, la cual implica realizar tu servicio social fuera de la ciudad, preferiblemente en áreas vulnerables, comunidades rurales e indígenas, en colaboración con organizaciones civiles.

El servicio social suele pensarse como un requisito académico, un trámite más en nuestra etapa universitaria. Sin embargo, la modalidad de inserción suele sobrepasar por mucho esta idea de que se vuelva un proceso más. Implica un desplazamiento físico y emocional hacia territorios desconocidos, un encuentro directo con realidades que no imaginábamos, un encuentro con otras formas de vida.

Ahora vamos a explorar ese tránsito entre el antes, el durante y el después desde experiencias situadas, recuerdos de estudiantes que vivieron esta experiencia en diferentes proyectos que, a través de sus relatos, nos permitirán comprender la complejidad e impacto de habitar temporalmente en una comunidad. A partir de dos voces, se busca no solo narrar lo vivido, sino también profundizar en lo que significó y el lugar que ocupa en sus vidas esta experiencia.

Cindy Pérez Marquez y Leslie Ruth López Amaro, estudiantes de la Universidad Iberoamericana Puebla, narran su experiencia de inserción desde sus memorias que se enlazan a través de un proceso que atraviesa a quienes viven esta experiencia de inserción. No solo se distinguen diferencias, sino también persiste un proceso marcado por el encuentro, la adaptación y, por encima de todo, la conexión con la memoria y lo humano.

Habitar en una comunidad implica enfrentarse a una transformación de lo cotidiano. Las dinámicas cambian, los espacios son compartidos y la noción del tiempo se redefine. Para Cindy, esta experiencia estuvo atravesada por una sensación constante de exposición.

-Yo soy de Oaxaca. Ya conocía un poco de Guela y yo trabajé en Cine Oaxaca el cual estaba un poco ligado a Cine Too, entonces como que sabía un poco de ello. Vivir en la comunidad estuvo muy loco porque sentía que no tenía mucha privacidad, o sea, se sentía bonito porque siento que todos estaban dentro de todo (…) entonces se sentía un poco la presión de fallarle a la comunidad o de hacer algo que no estuviera bien. –

Aunque cada experiencia es distinta, adaptarse a la vida en comunidad implica compartir espacios y convivir con personas y dinámicas que parecieran alejarse de nuestro entorno habitual de estudiantes; como lo expresa Leslie desde su propia experiencia.

-Yo me fui cuando Trump gana las elecciones, entonces la verdad fue un momento muy triste. Lo que ocurría en la frontera de Tapachula resonaba hasta San Cristobal, entonces yo me acuerdo de que las primeras semanas yo lloraba al ir en la combi y escuchar a las señoras hablando de sus familiares en el extranjero y diciéndoles que se cuidaran. La verdad estudiar aquí es un privilegio muy grande, entonces siento que fue como salirme de una burbujita al enfrentarme a vivir en otro estado, en un pueblo donde yo no conocía nada. Me costó mucho las primeras semanas, el ver y enfrentar la realidad con la que se enfrentan muchas personas y la sensibilidad con la que nosotros vamos allá. –

Los proyectos de cada servicio social te llevan a experimentar mundos diferentes, situaciones en donde se pone en juego el “ego profesional”, momentos en los que se confronta con la práctica y con las realidades que no siempre responden a lo aprendido en clases. Lo que en la universidad se nos enseña como teoría o método, en campo adquiere nuevos significados, incógnitas que parecen no responder a cualquier teoría, prioridades y formas de resolver. En estos momentos, los estudiantes se ven obligados a cuestionar y reinterpretar lo aprendido, en muchos casos, aprender a escuchar antes de intervenir.

En algunas situaciones, la experiencia de vivir en una comunidad no solo transforma la manera de entender la vida, sino que también deja huella que tiene proyecciones hacia el futuro. Para Cindy Pérez Márquez, el paso por Guelatao no se limitó al tiempo de su estancia, sino que ha abierto una posibilidad de seguir vinculada a este tipo de espacios, marcando un interés por continuar trabajando con las comunidades.

-Estuvo muy bonito, pero sentía un poco de tristeza. Me tocó ver varias veces a niños llorar conmigo y era como “Dios mío, no sé qué puedo hacer por ti.” Sentí que conviví mucho con ellos, a través de esta relación sentí que el cine y todos estos espacios comunitarios sí cambian a las personas. Entendí que ahorita que terminé la carrera quiero hacer más, ayudar a la comunidad, ayudar a las personas. Siento que hay algo más especial en ayudarnos entre nosotros en comunidad, que hacerlo por mi propia cuenta. Se siente más especial, como si todas las voces fueran escuchadas. Podemos crear un vínculo bastante fuerte en el que podamos ayudarnos mutuamente. –

Así como las experiencias dejan una conexión ligada a nuestro futuro, otras nos permiten profundizar en los matices que existen en la comunidad. En el caso de Leslie Ruth López Amaro, su experiencia nos habla de la adaptación, la convivencia cotidiana y los momentos de incertidumbre en donde se cuestionaba los procesos de acompañamiento y acercamiento con las personas de la comunidad.

-Al principio yo sí llegué con la idea de que iba a dar intervenciones. Fue al llegar y darme cuenta de que no, que en realidad yo no conocía nada del lugar, que más bien sería una espectadora de todo lo que tenía que pasar ahí, observar y aprender. –

Para Leslie, uno de los apoyos más importantes durante su experiencia en la organización Equitach fue su encargada, Ángeles, quien – según relata – hacía honor a su nombre. Para ella, es de ese tipo de personas que hacen que los sueños se cumplan y que cambia vidas de una manera que pareciera imposible. Fue Ángeles quien le dio a Leslie la confianza de trabajar con las familias, en particular con las madres que llevaban a sus hijos a la organización.

Fue a través de la curiosidad compartida – tanto de Leslie como de las madres – que surgió un taller de danza movimiento terapia. Algo que comenzó como una propuesta ajena al contexto local, originada en España, y en sus palabras “una terapia muy loca”, terminó por generar una conexión profunda entre las participantes.

– Entonces les empiezo a dar este taller de danzaterapia y se me hizo muy loco que quisieran, entonces ahí me ves dirigiendo a grupos de cuatro y cinco mamás. Nada que ver, pero quisieron seguirme en mis locuras. Confiaron mucho en mí. (…) Al principio las mamás ni se hablaban entre ellas, iban en el mismo camión del DIF, en la misma camioneta y no se saludaban, no se hablaban. Mientras avanzaba la danza, ellas fueron teniendo más confianza. Al llevarlas ahí parecía magia. –

Más allá de la experiencia personal, ambas experiencias lograron materializarse en proyectos que fueron construidos junto a la comunidad. Cindy, a través del trabajo en talleres con mujeres, realizó una serie de entrevistas que le han dado forma a un guion comunitario en el que había estado trabajando, elaborado desde sus propias voces.

-Se sintió personal, porque ya éramos amigas; eso era justo lo que queríamos lograr mi compañera y yo, queríamos que el taller se sintiera como un espacio en donde pudiéramos platicar entre nosotras. Nos contaron cosas muy personales y se sintió bonito conocer este lado de lo comunitario. Cuando regresé y recopilamos lo que teníamos, siento que fue cuando me di cuenta de que no podía parar ahí, teníamos que seguir trabajando con ellas, porque ellas formaron sus personajes. Eso fue lo bonito del proyecto, porque lo hicimos en comunidad y formamos vínculos.

En paralelo, Leslie desarrolló un proceso con las madres que derivó en la creación de un libro en donde la escucha, la convivencia y la confianza fueron fundamentales. A partir de encuentros y entrevistas, se fue construyendo un libro que recopila sus historias, experiencias, preocupaciones y formas de ver la vida. Más que un proyecto personal, este proceso se convirtió en un espacio de acompañamiento, donde las voces de las madres encontraban un lugar para ser reconocidas.

-Eran entrevistas donde por tres horas te contaban lo peor de lo peor del mundo y yo no podía creerlo. (…) Era muy fuerte escucharlo desde sus voces, desde sus miradas y el estar con ellos de frente. Creo que fue de las cosas más difíciles que he hecho y hasta el día de hoy me da sentimiento, eso va a ser mi tesis. (…) A mí se me hizo muy importante visibilizar lo que implica cuidar a un niño con discapacidad en medio de la desigualdad. Cómo le están haciendo estas madres, que están siendo para mí las verdaderas mujeres maravilla de que yo no sé cómo le hacen para diario estar enfrentando toda la violencia estructural que hay en Chiapas. –

Vivir en una comunidad no es una experiencia que pueda explicarse por completo. Implica enfrentar tanto lo crudo como lo significativo: desde la incomodidad, la falta de privacidad, las carencias, pero también los vínculos que se construyen poco a poco. Es en este contraste – entre lo complicado y lo valioso – donde la experiencia toma forma y nos deja una huella.

Como en el caso de Cindy, la experiencia en comunidad no termina una vez que regresamos a nuestras casas, sino que deja abierta una promesa y el deseo de volver.

-Mis amigas y yo, nos prometimos volver a Cine Too cada vez que se pueda; retroalimentar todo lo que hicimos y ver a los niños de nuevo. Siento que se quedó ahí una experiencia muy bonita entre ellos y nosotros, porque nos recuerdan y nosotros los recordamos. –

Para Leslie, la experiencia tampoco ha quedado atrás. Las madres con quienes compartió este proceso siguen presentes en su vida y su memoria, manteniendo el contacto y acompañándola incluso después de su salida, como muestra de los lazos que se construyeron durante su estancia. Parte de este vínculo se ve reflejado en una carta que las madres le enviaron a Leslie en su partida, como una manera de mantener esta relación y agradecer las experiencias compartidas.

Finalmente, a todos nos toca regresar a nuestra vida fuera de la comunidad. Esto no representa un borrón y cuenta nueva, sino un nuevo comienzo en donde la ciudad parece ser la misma, pero nuestras experiencias, memorias y preguntas moldean una nueva forma de vivir, resignificando nuestra aventura en una comunidad.

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