María José Gutiérrez Gorospe
Estudiante de Nutrición y Ciencia de los Alimentos
¿Un café para empezar el día, unas papas entre clases y comida rápida antes de regresar a casa? Esta rutina es más común de lo que parece para muchos universitarios. Entre exámenes, proyectos, prácticas y horarios largos, la alimentación suele pasar a segundo plano, dejando de ser una prioridad. Sin embargo, lo que elegimos comer influye mucho más de lo que imaginamos: afecta a nuestra energía, concentración, memoria e incluso nuestro estado de ánimo.
Popularmente, se tiene la idea de que comer saludable requiere mucho tiempo o dinero, pero es más fácil de lo que se piensa. Una buena alimentación no es estrictamente seguir dietas de moda ni eliminar alimentos, sino mantener un equilibrio que te funcione. Una dieta equilibrada y completa incluye frutas, verduras, cereales integrales, proteínas de buena calidad y suficiente agua, para permitir que el organismo funcione correctamente y tenga la energía necesaria para afrontar las actividades diarias.
Es por ello que aquí te mostramos uno de los errores más comunes entre los universitarios en el tema de su alimentación y cómo se podría solucionar:
Uno de los hábitos más comunes entre los estudiantes es saltarse el desayuno, ya sea por falta de tiempo o porque prefieren dormir unos minutos. Esto puede provocar cansancio, dificultad para concentrarse desde temprano y mayor apetito durante el resto del día. Si eres este tipo de estudiante, la recomendación es tener alimentos listos para preparar, como verduras desinfectadas y cortadas, o preparaciones listas de un día antes, como avena trasnochada.
Otro problema frecuente es depender de alimentos ultraprocesados, como botanas, refrescos, bebidas energéticas y comida rápida; suelen ser opciones prácticas, pero su consumo frecuente llega en diversos casos a reemplazar alimentos naturales. La recomendación en este caso es igual tener alimentos listos y que sean fáciles de preparar. Algunas ideas son proteínas como pechuga de pollo, huevo, carne; de carbohidratos: pasta, arroz o tortillas, y como verduras puedes tenerlas listas u optar por congeladas. Con estos alimentos se pueden preparar muchas preparaciones fáciles y rápidas. El consumo de alimentos ultraprocesados puede ser de manera ocasional, pero siempre serán mejor las opciones naturales.
La hidratación también suele pasar desapercibida, pero es más importante de lo que nos imaginamos; incluso una deshidratación leve puede disminuir la atención y el rendimiento. Si te es difícil tomar agua suficiente, es recomendable tener una botella siempre a la mano. Así mismo, si consumes bebidas azucaradas frecuentemente, es importante que consideres reducir su consumo poco a poco.
Planificar las comidas de la semana, llevar una colación desde casa o elegir alimentos sencillos como fruta, yogur natural, avena, huevo o leguminosas puede marcar una gran diferencia. Además de ser opciones económicas, aportan nutrimentos esenciales que ayudan a mantener un buen desempeño físico e intelectual.
También es importante dejar de lado la idea de que una alimentación saludable debe ser perfecta. Disfrutar ocasionalmente de una pizza, una hamburguesa o un postre no significa tener malos hábitos. Lo que realmente importa son las decisiones que tomamos la mayor parte del tiempo. La constancia siempre tendrá un mayor impacto que la perfección.
La etapa universitaria es un periodo de aprendizaje no solo académico, sino también personal. Los hábitos que se construyen durante estos años suelen acompañarnos en la vida adulta. Por ello, aprender a cuidar la alimentación es una inversión que va más allá de obtener buenas calificaciones: significa proteger nuestra salud y mejorar nuestra calidad de vida.

Fuentes:
Adaptado de “Dieta Keto: todo lo que debes conocer de esta dieta”, Farmatodo, https://www.farmatodo.com.ve/blog/dieta-keto.html?wpsrc=Organic+Search&wpsn=www.google.com
