Entiérrenme con el instante que, en vida, les robé

Angel Francisco Sánchez Machorro Estudiante de Relaciones Internacionales No recuerdo la primera vez que tomé una fotografía. Crecí en el […]

Angel Francisco Sánchez Machorro

Estudiante de Relaciones Internacionales

No recuerdo la primera vez que tomé una fotografía. Crecí en el siglo en que la fotografía ha pasado de ser algo reservado para unos pocos a algo tan sencillo como abrir la aplicación de cámara en el celular.

¿Por qué la fotografía? ¿Por qué no la pintura o el dibujo? ¿Por qué no únicamente escribir lo que vivo todos los días? ¿Qué es la fotografía? Más allá de lo técnico y del mecanismo que hay en una cámara, existe la memoria y la mirada. Hace no mucho escuché que los ojos guardan algo tan complejo como la mirada: la capacidad de ir más allá de ver, de comprender y relacionar el mundo que nos rodea.

Han pasado los años desde que me pude comprar mi primera cámara personal. Ha sido un largo camino en la búsqueda de una mirada propia. Siempre te enfrentas a la presión de preguntarte si te consideras un fotógrafo o no. Al igual que Roland Barthes en su libro La cámara lúcida, hablaré desde esa posición personal, de alguien que vive la fotografía como el retrato de su interior.

Crecí viendo cientos de fotos mías, de mi familia, amigos y lugares que probablemente no vuelva a ver en mi vida. Hay personas que ya no están con nosotros y aquellas con quienes el contacto se ha desvanecido con el tiempo. Lugares que ya no existen o que han cambiado tanto que parecen otros. Estas fotos han sido olvidadas en álbumes viejos que ahora guardo en mi librero, esperando a que vuelvan a ser visitados, recordados.

Barthes (2022) afirma que la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente (p. 26). Cada imagen que guardamos significa un pedazo de tiempo que es arrancado de nuestras vidas. Es una capa que queda suspendida en la superficie de la fotografía. Es la muerte viva hablándonos desde el pasado, recordando y reviviendo.

Me resulta interesante su análisis cuando plantea que en el proceso fotográfico intervienen tres actores: el Operator (el fotógrafo), el Spectrum (aquel o aquello que es fotografiado) y el Spectator (nosotros, quienes observamos las imágenes en periódicos, libros, álbumes o archivos). Es a partir de aquí, que Barthes establece el papel que cada uno ocupa dentro de la experiencia de la fotografía.

Cada uno de nosotros ha habitado, alguna vez, lo tres actores de la fotografía. Buscamos el momento exacto y el ángulo preciso para capturar el momento; y, casi como un reflejo inevitable, también caemos en el acto de posar cuando somos nosotros quienes quedamos frente a la cámara. Mientras tanto, el mundo continúa desbordándose en imágenes: cada segundo aparece una nueva imagen ante nuestros ojos, deslizándose a través de nuestras pantallas.

Tal vez por eso, como sugiere Joan Fontcuberta (2016), habitamos la era de la postfotografía, un tiempo en donde las imágenes ya no solo conservan la memoria, sino que se acumulan y transforman nuestra manera de mirar y recordar.

Barthes escribió La cámara lúcida en un tiempo donde la fotografía aún no significaba un torrente incesante de imágenes. Persistía todavía esa revelación química del objeto (p. 31). Las fotografías exigían paciencia y espera: no había forma de ver de inmediato aquello que se había producido. Era parte de la magia, un constante “a ver qué sale”.

Es por eso por lo que he incursionado en el mundo de la fotografía análoga. Existe una diferencia profunda entre lo digital y una fotografía tomada en rollo: una exige inmediatez, un acto que no perdona errores; la otra exige paciencia y permite que la fotografía forme parte de tu experiencia de vivir cada toma. Hay emociones que no se repiten fácilmente: el nerviosismo y el miedo a arruinar la imagen forman parte del proceso. Un movimiento en falso y aquello que has capturado puede terminar marcando tu nuevo estilo artístico.

Ahora, me oculto tras el visor para intentar recordar aquello que siempre estuvo en la fotografía, el instante que habrá de volverse eterno. La máscara que adoptamos al ser retratados queda suspendida en la imagen que daremos a conocer a quienes visiten nuestras memorias. Espero ser honesto con la forma en que me recuerden. Veo las fotos de mis familiares cuando eran jóvenes y cuesta entender que ellos tuvieron las mismas incertidumbres sobre el futuro.

También espero tomar muchas fotos, no las suficientes para llenar mi cuarto, sino para llenar mi vida.

“Cuando me muera y me tengan que enterrar.

Quiero que sea con una de tus fotografías.

Para que no me de miedo estar abajo

Para que no se me olvide como es tu cara

Para imaginar que estoy contigo

Y sentirme un poquito vivo.”

En este texto busco invitar a que sigamos viviendo en nuestras fotografías. No sabemos cuándo ni quién visitará nuestras memorias impresas. Seguiremos esperando a que alguien nos reconozca en la incesante lluvia de imágenes, porque seremos un reflejo de nuestro mundo y de lo que nos convierte en humanos; la duda, que se atraviesa cada que piensas en cómo posar, en qué ángulo elegir.

Llegará el día en que no podamos reconocer a quien aparece en nuestras fotos, aún si se trata de nosotros. Llegará el día en que nuestra existencia se convierta en un recuerdo y que sea tu imagen la que marque tu paso por este mundo.

Por ahora las cosas cambian, las personas, los lugares y las historias. Pero que la fotografía sea una marca que nos repita constantemente que seguimos vivos, aún cuando el piso se derrumbe.

“You know, you know where you are with

You know where you are with

Floor collapses, floating

Bouncing back

And one day, I am gonna grow wings

A chemical reaction (you know where you are)”

Referencias:

Barthes R. (2022). La cámara lúcida. Paidós. México

Caifanes. (1988). Mátenme porque me muero [Canción]. En Caifanes [Álbum]. RCA.

Fontcuberta, J. (2016). La furia de las imágenes: Notas sobre la postfotografía. Galaxia Gutenberg.

Radiohead. (1997). Let Down [Canción]. En Ok Computer [Álbum]. Parlophone.

1 comentario en “Entiérrenme con el instante que, en vida, les robé”

  1. Raúl Estrada. Chile

    Excelente publicación.nos hace abrir un mundo desconocido de hoy. Ese hoy rápido y veloz que vivimos si importar los pequeños detalles de la vida. Esos detalles que la fotografía tradicional no entrega de la mano de quien opera la máquina fotográfica en beneficio de plasmar “detalles de nuestro existir”

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