El deporte es comunidad

Muchos representamos a la Ibero por amor al deporte y no solo por obligación, todo esto al mismo tiempo que llevamos una carga académica.

José Enrique Martínez Lemus

Estudiante de Contaduría Pública y Estrategias Financieras

Muchos representamos a la Ibero por amor al deporte y no solo por obligación. Entrenamos entre semestres, viajamos los fines de semana a competir, cargamos con lesiones y con la exigencia académica al mismo tiempo, aun así, seguimos eligiendo ponernos la camiseta de la universidad una y otra vez. Damos resultados, representamos bien a la institución en cada torneo, y muchas veces sentimos que hace falta ese acompañamiento que va más allá de lo estrictamente deportivo. No es un reclamo: es una realidad que muchos atletas-estudiantes conocemos de memoria, y que pocas veces se pone sobre la mesa. 

Como jugador del selectivo de fútbol, he vivido de cerca lo que implica competir representando a la universidad: la logística de los viajes, coordinar entrenamientos y clases, la disciplina que exige mantener ambos frentes sin descuidar ninguno. Pero también he sido testigo de algo que pocas veces se documenta: la cantidad de esfuerzo —no solo físico, sino organizativo y personal— que cada atleta-estudiante pone para que su equipo simplemente pueda presentarse a competir. Ese esfuerzo casi nunca es visible fuera del propio equipo, y creo que ahí es donde este artículo quiere abrir una conversación distinta. 

Una comunidad que se ve a sí misma 

La Ibero, como universidad jesuita, tiene una vocación de comunidad y de proyección social que se nota en muchos de sus espacios: los programas de inclusión, los foros abiertos de discusión, su compromiso con causas sociales concretas, entre otros. Sin embargo, cuando se trata del deporte universitario, esa misma vocación de comunidad tiene mucho margen de crecimiento. No porque falte voluntad, sino porque probablemente necesita tender el puente entre lo que ya existe dentro de la propia universidad y lo que los selectivos necesitan. 

Y es que la solución no tiene que depender de un solo camino. La Ibero, dentro de sus propias aulas, cuenta ya con las herramientas para acompañar a sus equipos representativos de una manera distinta y, sobre todo, colaborativa. Pensemos en lo que podría significar unir a distintas licenciaturas alrededor de los selectivos deportivos: diseño textil podría involucrarse en el desarrollo de la imagen y el equipamiento de los equipos; mercadotecnia podría impulsar campañas de difusión, patrocinios y estrategias de visibilidad; radio y comunicación podrían producir contenido, transmisiones y coberturas de los encuentros que hoy pasan casi desapercibidos fuera del círculo cercano de cada equipo; nutrición podría acompañar los planes alimenticios de cada representativo, y psicología podría dar seguimiento al bienestar emocional de los atletas-estudiantes, especialmente en procesos de lesión y recuperación. 

Esta propuesta no busca señalar una carencia, sino imaginar un área de oportunidad. No se trataría únicamente de resolver necesidades puntuales de los selectivos, sino que se generaría, al mismo tiempo, un espacio real de prácticas interdisciplinarias para otras carreras, un ejercicio profesional genuino en el que estudiantes de diseño, mercadotecnia, comunicación, nutrición o psicología trabajarían con casos reales, con entregables reales y con un impacto directo en su propia comunidad universitaria. Los selectivos, por su parte, ganarían mayor exposición dentro y fuera de la Ibero, y la universidad entera se beneficiaría de una narrativa deportiva más rica, visible y cercana a quienes la conforman. 

Pensemos, por ejemplo, en lo que ya sucede con proyectos como Contratiempo: un espacio donde estudiantes de distintas licenciaturas —muchas veces ajenas a la comunicación— aportan contenido, narrativa y difusión a la vida universitaria. Ese mismo modelo, aplicado de manera constante a los selectivos deportivos, podría convertirse en una especie de “ecosistema de apoyo estudiantil”: un lugar donde cada carrera encuentra, dentro del deporte representativo, un caso real sobre el cual practicar, crear y aportar. No haría falta inventar toda una nueva estructura institucional; bastaría con tender puentes entre lo que cada área académica ya hace y lo que los equipos representativos necesitan. 

Además, este tipo de colaboración tendría un efecto que va más allá de lo práctico. Cuando un estudiante de diseño textil ve su trabajo puesto sobre la cancha, cuando un estudiante de mercadotecnia ve crecer la audiencia de un equipo gracias a su campaña, cuando un estudiante de radio escucha su propia transmisión narrando un partido cerrado, o cuando un estudiante de psicología o nutrición ve el efecto directo de su trabajo en el bienestar de un equipo, ese estudiante deja de ser un espectador lejano de la vida deportiva universitaria y se convierte en parte de ella. Y eso, en el fondo, es comunidad: no solamente compartir un espacio físico, sino sentirse parte de los logros de los demás. 

Lo que realmente motiva a un atleta-estudiante 

Más allá de cualquier recurso material o gestión logística, hay algo que como atleta valoro incluso más: sentir que la universidad realmente nos ve. Que el apoyo no se mide solamente en los resultados que se nos exigen, sino en el compromiso genuino de acompañarnos a lo largo del camino. Esa sensación de comunidad auténtica —de saber que representar a la Ibero es una relación de dos vías, y no solamente de exigencia— es, en mi experiencia, lo que realmente sostiene a un atleta-estudiante a lo largo de una temporada difícil, una lesión, o un semestre pesado. 

Cuando un equipo siente que la institución que representa está pendiente de él, no solamente esperando resultados, sino invirtiendo tiempo, talento y creatividad de otras partes de la propia comunidad en su desarrollo, la motivación cambia de naturaleza. Se compite con más entrega, se representa con más orgullo, y se construye, poco a poco, ese tejido de comunidad que toda universidad busca, pero que pocas veces logra sentirse desde dentro de sus propios equipos. 

Creo firmemente que iniciativas como estas —crear puentes entre carreras, entre estudiantes, entre distintas formas de talento dentro de la misma universidad— son exactamente el tipo de proyección social que la Ibero busca ejercer hacia su propia comunidad interna, antes incluso de mirar hacia fuera. Porque una universidad que acompaña a sus propios estudiantes-atletas de manera integral está, en los hechos, formando personas que después replicarán ese mismo espíritu de colaboración y comunidad en cualquier ámbito donde se desenvuelvan. 

También creo que este tipo de acompañamiento deja una huella que trasciende la temporada deportiva. Un atleta-estudiante que siente el respaldo genuino de su universidad no solo compite mejor, sino que egresa con una relación distinta hacia su alma máter; se convierte en un egresado que habla bien de su universidad, que regresa a apoyar a las siguientes generaciones, que entiende de primera mano lo que significa representar algo más grande que uno mismo. Ese vínculo de largo plazo, que se podría comenzar a fortalecer desde algo tan concreto como unir carreras alrededor del deporte, es en realidad una inversión en el tipo de comunidad que la Ibero quiere seguir siendo en el futuro. 

Una invitación abierta 

Este artículo no pretende tener la última palabra sobre cómo debería funcionar el apoyo a los selectivos deportivos de la Ibero. Más bien es una invitación a que otros atletas-estudiantes compartan su propia experiencia, a que otras carreras se pregunten cómo podrían aportar desde su propio campo de estudio, y a que la comunidad universitaria en general se anime a ver el deporte representativo como un proyecto compartido que puede enriquecerse desde muchos ángulos distintos. 

Al final, representar a la Ibero —ya sea en una cancha, en una pista, en un aula— sigue siendo, para quienes lo vivimos, un acto de amor por la institución. Y ese amor, cuando se siente correspondido por una comunidad que realmente acompaña, no solo se sostiene: se multiplica. 

Referencias 

Secretariado para la Justicia Social y la Ecología. (2014). Proyección social: la universidad como institución transformadora. Promotio Iustitiae, (116), 37–44. 

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