El álbum Panini del Mundial 2026: tradición o negocio desmedido

Yolanda Anais Zárate Villafuerte Estudiante de Contaduría y Estrategias Financieras El álbum de estampas Panini ha sido, desde hace generaciones, […]

Yolanda Anais Zárate Villafuerte

Estudiante de Contaduría y Estrategias Financieras

El álbum de estampas Panini ha sido, desde hace generaciones, una de las tradiciones más entrañables asociadas a cada Copa del Mundo. Sin embargo, la edición de este 2026, la más grande de la historia, con 980 estampas repartidas en 112 páginas, me deja una opinión dividida: por un lado, celebro que la fiebre coleccionista siga viva; por otro, me preocupa que se haya convertido en un negocio que exige un desembolso económico difícil de justificar para muchas familias.

Una tradición que sigue emocionando

No se puede negar el encanto del álbum Panini. Como bien resume su lanzamiento en distintos países de la región, esta edición reúne a las grandes figuras del fútbol mundial, desde íconos como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo hasta promesas jóvenes como Lamine Yamal, en una colección que, por primera vez, incluye a 48 selecciones nacionales. Ese carácter inclusivo tiene su encanto: niños y adultos de países que antes ni siquiera aparecían en el álbum ahora pueden pegar la estampa de su selección junto a la de las potencias tradicionales.

Además, hay algo casi ritual en el proceso: abrir sobres al azar, intercambiar repetidas con amigos o compañeros y perseguir esa lámina esquiva que falta para completar una página. La estampa “00”, por ejemplo, se ha convertido en un fenómeno por derecho propio: no representa a ningún jugador actual, sino a Carlo Parola, el futbolista italiano cuya fotografía inspiró el logo original de Panini. Que una imagen histórica genere tanta expectativa entre las nuevas generaciones dice mucho del valor simbólico que conserva esta tradición.

El problema: una colección diseñada para no completarse fácilmente

Mi principal reserva tiene que ver con el costo real de completar el álbum. Con 980 estampas en juego, los expertos calculan que un coleccionista necesitaría abrir entre 800 y 1,000 sobres para llenarlo sin apoyarse en intercambios, lo que representa miles de pesos solo en sobres. A esto se suman las llamadas figuritas “especiales” y “paralelas”, con distintos niveles de rareza que multiplican la dificultad y el gasto para quienes buscan completar la colección al 100%.

El caso de la estampa “00” resulta revelador: en algunos mercados de reventa ha llegado a venderse hasta en 25 mil pesos, un precio que muchos aficionados consideran desproporcionado para lo que originalmente era un simple logotipo. Este tipo de escasez artificial, sumada al mercado secundario que se ha disparado alrededor de láminas doradas o escudos metalizados, convierte lo que debería ser un pasatiempo accesible en una actividad que puede resultar excluyente para quienes no cuentan con recursos suficientes.

Entiendo que Panini es una empresa y que necesita generar ingresos, y reconozco que la ampliación del Mundial a 48 selecciones naturalmente incrementó el tamaño de la colección. Pero considero que hay una diferencia entre diseñar un álbum ambicioso y diseñar un álbum pensado, casi por definición, para no completarse sin gastar sumas considerables de dinero. Si el objetivo original de este tipo de colecciones era fomentar la convivencia entre aficionados —el intercambio, la comunidad, la emoción compartida—, valdría la pena que las probabilidades de conseguir las estampas fueran menos desiguales, para que ese espíritu original no se pierda frente a la lógica puramente comercial.

Referencias:

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