La polarización de las redes sociales y el papel del algoritmo 

¿Realmente tu eliges lo que ves en las redes sociales? ¿O es el algoritmo el que decide por ti?

Natalia Brindis Aguilera

Estudiante de Diseño de Interacción y Animación

Las redes sociales rápidamente se han vuelto parte de nuestra vida cotidiana. Plataformas como Instagram, Facebook, TikTok y Twitter —ahora conocida como X— han transformado nuestra manera de comunicarnos, compartir información y relacionarnos con los demás. Sin embargo, cada vez los usuarios acceden a edades más tempranas; las plataformas lentamente dejan los filtros y protecciones en manos de la inteligencia artificial y la información recibida por los servidores es tan extensa que apenas se puede supervisar la veracidad apropiadamente por agentes humanos. En este contexto, las redes desempeñan un papel importante en la creciente polarización social, un fenómeno que afecta la convivencia, el debate público y la capacidad de llegar a acuerdos.

¿Cómo funciona el algoritmo?

De acuerdo con el documental “El dilema de las redes sociales” de Jeff Orlowski, dentro de las redes sociales cada acción es monitoreada, medida y registrada: tus búsquedas, tu tiempo de visualización, las veces que actualizas la página principal, etc. Basándose en estos datos que ingresan todo el tiempo, el algoritmo se encarga de realizar predicciones sobre lo que haremos y sobre quiénes somos. Entre mayor es la interacción, el modelo de predicción se vuelve mejor.

“Todas nuestras acciones, todos los clics, todos los videos, todos los ‘me gusta’; todo eso se integra para construir un modelo más preciso. Y una vez que tienes este modelo, puedes predecir lo que la persona hará.”

—Tristan Harris, exdiseñador de Google.

¿Pero el algoritmo qué tiene que ver con la polarización? El principal problema del algoritmo es que este siempre va a buscar la manera de retenerte, sin importar si la información que te proporciona la plataforma es beneficiosa éticamente o no. El algoritmo juega con la psicología del usuario y la entrena para recibir una estimulación constante, lo que hace más difícil para nosotros detectar este patrón de comportamiento, desarrollar una adicción a las redes sociales y ser más susceptibles a la manipulación a través del contenido recomendado.

“Las redes sociales, al comunicar personas, tienen un gran impacto en el ámbito social. Ya no solo porque comunican personas, sino porque actualmente, al mostrar contenido diferente a todos los usuarios (…), pueden moldear la realidad a los objetivos de la empresa propietaria.”

—Llorente, J., 2023, p. 72.

Contemplando estos dos elementos, la polarización inicia con las respuestas personalizadas basadas en los datos recopilados por el algoritmo. Varias personas pueden buscar el mismo tema, pero los resultados serán distintos incluso si las mismas personas residen en la misma ciudad o son amigos cercanos.

“…y luego miras hacia el otro lado y piensas: ¿Cómo esa gente puede ser tan estúpida? Con toda la información que vemos a diario. Y la respuesta es que ellos no ven la misma información.”

—Justin Rosenstein, exingeniero de Google y Facebook.

Las campañas de desinformación

Por polarización nos referimos a la distancia ideológica, política y afectiva entre grupos sociales, guiada principalmente por el rechazo, el odio, el tribalismo y el miedo. Dentro de estos ambientes digitales, las personas se juntan en grupos que consumen contenido alineado a sus creencias y desconfían de otros grupos. Este patrón de conducta no es nuevo, pero sí se ha transformado y ha ido creciendo a través de las décadas.

Como mencionan en el documental, el sistema de las redes sociales favorece la proliferación de información falsa. “La información falsa hace que las empresas ganen más dinero. La verdad es aburrida.” (Sandy Parakilas, exdirectivo de Facebook)

Este tipo de sistema ha sido explotado y usado para la circulación de noticias falsas que activamente buscan hacer daño. El factor más destacado es la motivación emocional-partidista de los usuarios que buscan reforzar sus posturas y atacar al adversario.

Entre los múltiples casos donde se han usado las redes sociales con estos objetivos de polarización y desinformación, está el caso de Facebook y el gobierno de Birmania, donde se usó esta plataforma para promover el odio y crímenes contra los rohinyás, provocando un genocidio étnico.

También existe el conocido caso de Trump y Twitter, donde a inicios de 2021, tras su primer gobierno, Trump convocó vía Twitter a sus seguidores a “reclamar”, alegando fraude electoral ante su derrota. Este evento derivó en un asalto violento al Capitolio y en la suspensión temporal de sus cuentas en Twitter y Facebook.

Un caso similar sucedió en Brasil, donde, después de que el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro llenara su periodo de campaña con propaganda sostenida por noticias falsas, perdiera las elecciones en 2022, miles de sus simpatizantes invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia a principios de 2023.

La segregación, el odio, el rechazo y el miedo son los efectos más graves de la desinformación y la polarización digital. En lugar de que las redes sociales cumplan con su función de conectar a las personas, se vuelven entornos hostiles y excluyentes para quienes piensan diferente. El diálogo se reemplaza por ataques, degradando el debate público y la pluralidad —elementos esenciales para la democracia—, exponiendo a los usuarios a posturas cada vez más extremas.

A esto se le suma un desafío fundamental tanto para nosotros como usuarios como para las plataformas: la percepción de que cada usuario tiene su propia “verdad”, construida a partir de la información y contenido que consume de manera consciente e inconsciente. Por ello, enfrentar la desinformación y polarización no implica únicamente combatir los contenidos falsos, sino fomentar el pensamiento crítico, capaz de cuestionar, contrastar fuentes y reconocer la legitimidad de perspectivas distintas.

Fuentes:

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